Bicentenario do nacemento de Charles Dickens

Charles Dickens

En 1812, o sete de febreiro nace en Portsmouth Charles Dickens. O seu pai é un funcionario da Pagadoría da Armada. Dous anos máis tarde trasládanse  a Londres e posteriormente a Kent.  Os seus periplos son unha constante fuga diante do acoso das débedas xeradas polo desbaldidor cabeza de familia. Dickens non recibiu ningunha educación ata a idade de nove anos, reproche que fanlle os seus críticos, ao considerar a súa formación, autodidacta en exceso. Posteriormente baixo tutéla de William  Gile, un graduado en Oxford foi moldeando a súa formación. Foi un ávido lector con particular  afección polas novelas picarescas e de aventuras. O seu autor predilecto parece que foi Henry Fielding. En 1823, vivía coa súa familia en Londres, no barrio de Camden Town, entón un dos barrios máis pobres da capital británica. A súa descrición da infancia a compendia nun queixume: “un neno moi pequeno e non especialmente coidado”. Na súa mirada compadecida de si mesmo inclúe a súa memoria fotográfica de persoas e eventos, que contribúo a axudarlle a trasladar a realidade á ficción.

A súa vida transfórmase  cando o seu pai é encarcerado por débedas ingresando na prisión de debedores de Marshalsea. A familia trasladouse a vivir co Dickens pai ao cárcere, ao amparo da lei que establecía que o moroso podía compartir a cela coa familia. O neno  Charles é acolleito nunha casa de Little College Street, rexentada pola Señora Roylance, visitando ao pai na prisión os domingos.

Comezou a traballar aos doce anos. Unha xornada de 10 horas diarias en “Warren’s boot-blacking factory”, unha fábrica de betume para calzado, situada preto da actual estación de Charing Cross. Pega etiquetas nos botes de betume en troques duns escasos chelines semanales. Con iso paga o seu hospedaxe e contribúe á economía da familia que compartía o encarceramento co pai.

A súa situación non mellora ata que tras ser liberado da prisión o pai reciben a herdanza da avoa materna, contorna a 250 libras. Pese a iso a nai non retiraría ao neno da fábrica durante bastante tempo. É algo que o pequeno Dickens non esquecerá doadamente. Todas estas vivencias marcan a súa produción literaria. Nas páxinas que escribe asoma a súa denuncia sobre as atroces condicións sociais e laborais a que está sometida a clase obreira londiniense. Na súa novela “David Copperfield”, conceptuada como a máis autobiográfica, escribiu: “Eu non recibía ningún consello, ningún apoio, ningún estimulante, ningún consolo, ningunha asistencia de ningún tipo, de ninguén que me puidese recordar. ¡Canto desexaba ir ao ceo!”.

As novelas de Dickens son, entre outras cousas, traballos de crítica social. El era un feroz fustrigador da penuria e do clasismo opresivo imperante na sociedade vitoriana. A través dos seus traballos, Dickens mantiña unha empatía polas clases desfavorecidas e un escepticismo cara a familia burguesa. A segunda novela de Dickens foi “Oliver Twist aparecida en 1839”. “A casa abatida” e “A pequena Dorrit” son un alegato critico crítico cara ao aparello burocrático vitoriano: os interminables litixios da corte da Chancelaría que destrúen as vidas das persoas en “A casa abatida” e o ataque dobre en “A pequena Dorrit” coa patente inoperancia e corrupción das oficinas e coa irregular especulación dos mercados. As escenas de “A  Casa abatida”, de seu son reflexos da súa propia familia enviada á prisión por pobreza, un tema común en moitos dos seus libros. O detalle da vida na prisión de Marshalea en “A pequena Dorrit” é a experiencia vivida por Dickens naquela institución.

A influencia de Dickens esta presente hoxe en moitos autores. É o caso de Ane  Rice, Jhon Irving ou Tom Wolfe que mostran no seu traballo conexións directas coa súa obra. O humorista norteamericano James Finn Graner  escribiu unha versión “politicamente correcta” de “Un conto de Nadal”. Charles Dickens mantense hoxe como un brillante innovador e algunhas veces defectuoso novelista cuxas historias e personaxes convertéronse non só en arquetipos literarios senón tamén en parte da imaxinación pública.

Karl Marx, coetáneo e veciño de Dickens, enxalzaría ao autor de “Canción de Nadal”: “proclamou máis verdades de calado social e político que todos os discursos de profesionais da política, axitadores e moralistas xuntos”.

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El gran fracaso de las políticas de austeridad – Vicenç Navarro

Vicenç Navarro

La falta de diversidad ideológica en los medios (que es especialmente acentuada en los forums económicos y financieros), con un dominio absoluto del pensamiento neoliberal, explica que auténticas frivolidades, fácilmente demostrables que son erróneas o falsas, se reproducen con toda pomposidad y contundencia, ignorando, cuando no ocultando, la evidencia empírica que las cuestiona. Así hemos visto como las políticas de austeridad con recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social, que están desmantelando el Estado del Bienestar, se presentan como necesarias para recuperar “la confianza de los mercados financieros” y hacer posible que los Estados puedan conseguir dinero prestado.

Tal proposición, sin embargo, se ha mostrado que es errónea o falsa. La evidencia abrumadora demuestra que los recortes del gasto público no han conducido a la bajada de los intereses de los bonos públicos del Estado. Todo lo contrario, estos intereses han ido aumentando y aumentando hasta alcanzar niveles insostenibles. La evidencia está ahí para todo el que quiera verla. España ha estado recortando el gasto público de una manera muy notable, reduciendo beneficios sociales (reducción que hubiera sido impensable hace sólo cinco años) de una manera muy marcada, aprobándose incluso un cambio de la Constitución Española que en la práctica dificultará la resolución del enorme déficit de gasto publico social que existe en este país. Los intereses de su deuda, sin embargo, han ido subiendo sin que tales recortes hayan tenido un mayor impacto en el nivel de tales intereses. Los intereses de la deuda pública española continúan muy altos (el Gobierno Zapatero justificó los recortes de gasto público indicando que quería prevenir que España fuera intervenida, como lo fue Portugal. Todo ello fue en balde. El Presidente Rajoy indicó hace unos días que hará lo que hizo el gobierno portugués cuando fue intervenido).

Un tanto semejante ha estado ocurriendo en Grecia, donde los recortes han alcanzado niveles que están amenazando la continuidad del sistema constitucional con probabilidad de una revuelta popular en contra del orden establecido. Los intereses de su deuda, sin embargo, han alcanzado niveles imposibles de mantener. Una situación parecida, algo menos dramática, ha estado ocurriendo en Portugal, con reducciones muy notables de las pensiones y del empleo público, así como de los servicios públicos del Estado del Bienestar, todo ello sin que los intereses de su deuda estén bajando a niveles asumibles.

Y lo mismo en Irlanda, donde los recortes en las pensiones (10% de reducción) y reducción de empleo público han sido muy acentuados (entre otras reducciones de beneficios públicos y sociales), sin que los intereses de la deuda bajen a niveles que sean más asumibles para el Estado irlandés. Una situación semejante está ocurriendo ahora en Italia.

Es importante subrayar que todos estos países (llamados PIGS en la literatura anglosajona) se caracterizan por haber sido gobernados por las derechas –incluyendo la ultraderecha (España, Grecia y Portugal)- durante la mayoría del periodo post II Guerra Mundial, lo cual explica que todos ellos tengan unas políticas fiscales muy regresivas, un gran fraude fiscal y un Estado del Bienestar muy poco desarrollado. Tienen unas instituciones democráticas muy débiles y, todavía hoy, las fuerzas conservadoras tienen un gran dominio de la vida política y mediática, con unas derechas poderosas y unas izquierdas débiles y divididas. En todos estos países, el mundo del trabajo es débil y el capital (hegemonizado por el capital financiero) es fuerte.

Resultado de ello es que, en todos estos países, la respuesta de sus Estados a la crisis (que ha disparado el desempleo) ha sido predominantemente mediante recortes del gasto público, y muy en especial del social, todas ellas medidas clasistas que afectan negativamente al bienestar de las clases populares (clases trabajadoras y clases medias). Sólo últimamente los Estados PIGS han intentado reducir los déficits a base de aumentar los impuestos, aunque ha sido predominantemente una subida de aquéllos que afectan principalmente a las rentas del trabajo y del consumo más que a las rentas del capital, acentuando todavía más las desigualdades sociales, siendo éstos países los que tienen mayores desigualdades en la Eurozona.

A pesar de estas medidas, la famosa “confianza de los mercados” no se ha recuperado. En realidad, la deuda pública como porcentaje del PIB ha continuado aumentando desde el inicio de la crisis (2007), sin que los recortes hayan hecho mella en ella. España ha subido desde el 36% del PIB al 68%, Portugal del 68% al 102%, Grecia del 107% al 161%, Irlanda del 25% al 107%, e Italia del 103% al 120%.

El desastre de las políticas de austeridad

Las políticas de austeridad han sido un desastre (y no hay otra manera de decirlo). Y era fácil predecirlo como algunos hicimos. Y era predecible, porque la causa de la crisis estaba en las políticas neoliberales que redujeron las rentas del trabajo (y con ello forzaron el endeudamiento de la población, creándose un problema de escasez de demanda) a costa de un hiperbólico incremento de las rentas del capital, origen del comportamiento especulativo de la banca, pues la baja rentabilidad del capital productivo –consecuencia de la escasa demanda- determinó un aumento de las inversiones especulativas de mayor rentabilidad (tales como la burbuja inmobiliaria).

La concienciación del impacto insuficiente de la austeridad para resolver la crisis (en realidad, más que insuficiente, es perjudicial) es ahora la llamada a que hay que facilitar el crecimiento económico. Pero la manera como ello intenta conseguirse empeorará todavía más la recesión (que en varias partes de los países PIGS es ya una gran depresión). El dogma neoliberal indica que la falta de crecimiento se debe a la escasa competitividad de tales países debido a que tienen unos salarios demasiado altos. De ahí que impongan bajadas salariales, tanto en el sector privado como en el público, como manera de mejorar la competitividad. Pero la evidencia empírica muestra que los salarios reales (no los nominales) han ido descendiendo y, sin embargo, el crecimiento económico ha ido bajando. La famosa “devaluación doméstica” parece que no ha funcionado tampoco. Y es que, tal como están las cosas, tampoco puede funcionar, pues lo que es importante para que tal devaluación funcione no es tanto el salario real, sino el diferencial con los países centrales de la Eurozona, con los cuales España comercia. Si los salarios alemanes continúan bajos (en relación con su productividad), los salarios españoles tienen que bajar mucho más para poder compensar su menor productividad, lo cual conduce a España a una situación imposible, pues tal reducción significa un descenso muy marcado de la demanda, que es el origen del problema. De ahí la incoherencia de reconocer que hay que estimular la economía a fin de crecer de nuevo, y a la vez recortar los salarios y el gasto público, que son los elementos más importantes para que tal estímulo tenga lugar. Creerse que la economía va a ser estimulada a base del incremento de las exportaciones, es olvidar que está pasando en Alemania, el gran “modelo exportador”, donde el crecimiento económico (en contra de lo que anuncia sus defensores) ha sido muy escaso, habiendo incluso descendido en el último cuarto del año. Para exportar hay que importar, y los países importadores también están en recesión.

Vamos, pues, en camino de una Gran Depresión. Hay dos maneras de resolverlo. Una es a nivel europeo, con el establecimiento de una estructura federal que permita unas políticas expansivas, con grandes inversiones encaminadas a crear empleo y establecer las infraestructuras físicas y sociales que estimulen la demanda, basadas en políticas redistributivas, tal como ocurrió a principios del siglo XX, cuando el New Deal permitió salirse de la Gran Depresión y cuando Europa, después de la II Guerra Mundial se recuperó mediante la enorme expansión de gasto público, facilitado por el plan Marshall. Esto requiere un cambio de 180º en las políticas públicas.

La otra alternativa es que los países PIGS salgan de la Eurozona (individual o colectivamente), hecho que, en contra de lo que dicen los medios, es temido por los bancos de los países centrales pues, debido a la dependencia de tales instituciones financieras a la deuda pública de estos países, podría significar el colapso de su sistema financiero. Los países deudores tienen más poder de negociación de lo que son conscientes. Sólo la amenaza de salir del euro tendría impacto en cambiar las políticas de austeridad que hoy están imponiéndose en aquellos países.

El contexto político para permitir el cambio

Para cualquier estudioso de la realidad económica, conocedor de la historia económica y libre del dogma neoliberal que hoy imbuye los forums políticos y mediáticos del país, no es difícil ver qué es lo que debería hacerse para salir de la recesión. El mayor problema, sin embargo, no es económico, sino político. Las izquierdas a principios de siglo, en los años treinta, eran poderosas, estimuladas por una gran agitación social. Fue tal agitación y el poder de las izquierdas las que posibilitaron los programas New Deal que permitieron terminar con la Gran Depresión. Sin desmerecer la importancia del Presidente Roosevelt en la génesis del programa, el hecho es que, tal como el propio Presidente indicó, sin el movimiento obrero presionándolo, el New Deal no habría existido.

Un tanto igual ocurrió después de la II Guerra Mundial, una guerra que significó el fin del nazismo y del fascismo, y que radicalizó a la población europea, y muy en especial a la clase trabajadora, cuya agitación fue determinante para que se establecieran gobiernos de izquierda o gobiernos que no podían ignorar a las izquierdas fuertes en la oposición y en la calle. Es más, la existencia de la Unión Soviética, que, como reconoció Winston Churchill, jugó un papel clave en la derrota del nazismo en Europa, representaba una amenaza al orden capitalista, amenaza que estimuló el crecimiento del Plan Marshall, que facilitó enormemente la recuperación de las economías europeas occidentales.

Hoy, las izquierdas son débiles en Europa, y una causa de tal debilitamiento ha sido la desmovilización de las bases tradicionales de las izquierdas (y muy en especial de las clases trabajadoras) consecuencia de las políticas neoliberales llevadas a cabo por los instrumentos políticos gobernantes que tradicionalmente habían representado a tales clases. El neoliberalismo dentro de la socialdemocracia ha sido la causa de su declive. Y la desaparición de la amenaza de la Unión Soviética, así como la integración de la socialdemocracia en el marco neoliberal, ha roto todas las inhibiciones que el capital haya tenido, iniciando el ataque más frontal a las clases populares y al Estado del Bienestar que haya existido en el siglo XX y XXI. La lucha de clases la está ganando la clase capitalista (hoy redefinida como el 1% de la población) con escasa resistencia. De ahí la enorme urgencia de movilizarse para revertir esta situación. Hoy existe en Europa y en EEUU una gran agitación social, que apenas aparece en los medios. La calle está claramente agitada por movimientos, no sólo de protesta frente a los recortes, sino también de hartazgo en contra de unas instituciones que se autodefinen como representativas de la población y que, en cambio, están llevando a cabo políticas que sólo benefician a este 1% de la población. Este hartazgo representa una amenaza al orden vigente y requiere un cambio de los instrumentos políticos de las izquierdas mucho más profundo de lo que está ocurriendo.

Artículo publicado en la revista digital SISTEMA, 3-02-20101

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Perde Zapatero, gana Felipe – José Luís Gómez

A pesar da súa estrepitosa derrota electoral o 20-N, o PSOE reaccionou con serenidade e non quixo entregarse a ningunha revolución, senón máis ben ao espírito dos oitenta, a década dos éxitos de Felipe González.

A nova executiva do PSOE, cun apoio do 80%, permite ver case un calco do equipo electoral de Alfredo Pérez Rubalcaba, con algunhas concesións aos seguidores de Carme Chacón, quen se quedou fóra da executiva e da dirección do grupo parlamentario. Todo bastante previsible, unha vez que perdeu «Zapatero con saias», segundo a expresión de Rodríguez Ibarra, e que, no fondo, gañou Felipe González, un dos mentores de Rubalcaba. Elena Valenciano será a persoa de confianza do flamante líder socialista, como ‘número dous’, e na presidencia estará de novo un andaluz, xa que José Antonio Griñán colle a substitución de Manuel Chaves. A Rubalcaba seguramente que non lle fai moita graza ter nese posto a Griñán, que non lle apoiou, pero tampouco lle quitará o soño, xa que sabe que a presidencia do PSOE está nunha vía que non leva a ningunha parte.

Os catro socialistas que van afrontar eleccións proximamente estarán todos eles na executiva, empezando por José Antonio Griñán e Javier Fernández, que competirán en Andalucía e Asturias o mes que vén, e terminando por Patxi López e Pachi Vázquez, que serán os seguintes en ter eleccións en Euskadi e Galicia, xa en marzo 2013, salvo que haxa adiantos que tampouco hai que descartar. Eduardo Madina, que soa como home de futuro no PSOE, tamén forma parte do equipo de Rubalcaba, no que Oscar López será secretario de Organización e, en consecuencia, o ‘número tres’.

O PSOE xa ten, xa que logo, líder e equipo de dirección en Ferraz e no Congreso, e o tempo dirá que sucede co seu cartel electoral nas xenerais de 2015. De entrada sábese que os simpatizantes poderán votar o candidato do PSOE á presidencia do Goberno, o cal soa ben se nota a influencia do socialismo francés-, aínda que chirría un pouco con que os militantes socialistas non poidan elixir directamente ao seu secretario xeral, suxeito ao criterio dun milleiro de delegados nun partido cun cuarto de millón de militantes.

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Falta unha eternidade – Antonio Campos Romay

En termos políticos e recollendo a acertada frase dun agudo analista político coma Xosé Luís Gómez, “falta unha eternidade para o 2015”. Nunha visión urxente tras o parto dos montes que semella este 38 Congreso do PSOE onde poucos votos separaron concepcións case tan distantes como as que representaban Bono e Zapatero noutro conclave socialista moi axustado, fican pendentes moitas respostas de interese en clave interna e externa. Como fogos de artificio propóñense medidas nas que coinciden moitos militantes e cidadáns. Certamente sorprende que no século XXI teñan que ser postas en valor por un partido de esquerdas, especialmente tras o paso deste polo o goberno en varias ocasións. Por citar algún tema dos que mostráronse como estrelas, a revisión do Concordato e o laicismo do estado ou a dación en pago.

Sendo unha eternidade o que falta para 2015 había oportunidade facer as cousas doutro xeito. Con menos presas e con ofertas de mais calado. Tras a perda escandalosa das derradeiras eleccións e coa responsabilidade de haber aberto paso de xeito triunfal a unha dereita crecida nos desexos de contrarreforma, parece obrigado afondar polo miúdo no xeito de marear nun novo ciclo histórico cargado de interrogantes. E aviar con total garantía a ferramenta partidaria converténdoa en algo acomodado tanto ao momento como aos retos que presenta. Facer un análise rigoroso con afán critico e non cos afáns dos que fican nunha situación critica no persoal tras ser apeados dos seus apousadeiros.

Cando falase dun combate sen cuartel fronte a unha serie de erros habidos, parece que rechían seriamente algúns nomes da Comisión Executiva Federal. Tanto que semellan unha noxenta herdanza cuia continuidade non sábese que crípticas razoes o apoian. Mentres a presidencia do partido, algo emblemático, tradicionalmente reservado a alguén con longa tradición militante e autoridade moral fora de toda dubida, entregáselle a quen non só presúmese non vai saír ben librado dunha inminente confronta electoral senón que dalgún xeito anda enguedellado en varios temas non menores. E coma unha vontade teimuda de premiar desfeitas e reincidir en esquecer aos protagonistas dos erros cunha organización coma socialista, a mesma que se reclama herdeira de Pablo Iglesias, está chamada a desterrar.

O novo secretario xeral foi rotundo en afondando na necesidade urxente da federación de Europa e consonte con elo, arranxar un Partido dos Socialistas Europeos. E ten toda a razón. A nivel interno establece unha liña vermella dacordo coa tradición e esencia do PSOE entre federalismo e confederalismo no nivel partidario reclamando a vixencia do primeiro presuposto. Algo que podería subtitular “relacións co PSC”. Pero botase de falla a referencia ao estado federal como saída racional ao apaño do estado das autonomías, cos efectos subseguintes de racionalidade e de economía. Entre outros por vía de exemplo, caso de órganos intermedios prescindibles coma as deputacións do que o secretario xeneral cando candidato fixo bandeira nalgunha ocasión. Chama a atención escoitalo facer fincapé en algo que xa debera estar fora de toda dubida, un cargo político un so salario. Malia que esquece que en sintonía coa proposta seria oportuno abundar  tamén no de un político un cargo, e non, casos coma dalgunha militante, cúas singulares dotes de seguro aos mortais négaselle coñecelas, xunta sobre as súas sacrificadas costas ser deputada, membro da Mesa do Parlamento, Tenente de Alcade, membro da executiva federal, local, etc. Incompatibilidades non so éticas en orde aos compromisos cos cidadáns, senón que topan co regulamentado establecido por unha Organización territorial que quizás teña que tragarse o tema, acollendose ao vergoñento refrán, “mexan por nos e din que chove”.

Este Congreso vai dar para moito mais. Tal debe estar pensando o líder do PS de G, para quen a lectura deste concilio andaralle dando voltas na cabeza moito tempo. Mais iso, e outra historia.

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O apurado triunfo de Rubalcaba – José Luís Gómez

José Luís Gómez

Alfredo Pérez Rubalcaba, cun proxecto interxeracional e para as clases medias, foi elixido secretario xeral do PSOE por unha marxe estreita: apenas vinte votos de diferenza, suficientes en todo caso para derrotar a unha emerxente do partido, a exministra Carme Chacón, que tamén tiña a triste honra de ser a primeira candidata socialista en perder o primeiro posto nunhas lexislativas en Cataluña. Nun congreso con 956 delegados, dos que votaron todos menos un, gañou a chamada oferta de experiencia ante a travesía do deserto (Rubalcaba, con 487 votos) fronte a outra oferta máis nova como opción para o futuro (Chacón, con 465 votos), e fíxoo coa bandeira do laicismo, do feminismo e dos dereitos sociais, mirando a Europa nos asuntos económicos. Carme Chacón, que foi medrando nas últimas semanas, obtivo un bo resultado, pero insuficiente.

A elección do novo secretario xeral do PSOE, que ten 60 anos, é decisiva para este partido pero tamén é importante para o conxunto da sociedade española, xa que esta forza política garante agora a alternancia democrática, tras ser o partido que gobernou durante máis anos este país en democracia. Mesmo tras un desastre como a das últimas eleccións xerais con Rubalcaba de candidato, o PSOE conserva sete millóns de votantes, animados por un cuarto de millón de militantes socialistas. Trátase, xa que logo, dunha elección vital para o partido pero, como advirte Josep Ramoneda, tamén para o equilibrio do sistema político, escorado á dereita.

Entre os deberes de Rubalcaba estará reorganizar o partido, sanear as súas contas e renovar de xeito paulatino as distintas federacións territoriais, ata conseguir dotarse dun programa e uns cadros capaces de recuperar os votos de 4,3 millóns de antigos electores que o 20-N optaron por outros partidos ou non acudiron a votar. E, obviamente, sen perder nada do pouco que lle queda. A última mensaxe de Zapatero como secretario xeral saínte foi clara: todos detrás de quen teña o novo liderado do partido. A primeira mensaxe do novo líder, tamén: en pé como un partido forte, suponse que unido, para o que será un bo termómetro coñecer este domingo a formación da nova executiva socialista. Sobre o que pase co candidato socialista en 2015, xa se verá. Medido en termos políticos, falta unha eternidade.

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Terrorismo económico – Francisco J. Bastida

Francisco J. Bastida

Acabada la «guerra fría» los gobiernos occidentales centraron su defensa de una sociedad libre en la lucha contra el terrorismo político de diverso pelaje, ya revestido de nacionalismo independentista ya de fundamentalismo religioso. Se olvidaron del terrorismo económico. Pero si alguien ha puesto de rodillas a gobiernos democráticos y a la ciudadanía son los mercenarios del sistema financiero internacional. La calificación de esta actuación como terrorista no es ninguna exageración a la vista del pánico creado y del devastador resultado conseguido. El poder político secuestrado y sometido al poder económico y la sociedad más empobrecida y desprotegida, llena de incertidumbre sobre el futuro laboral y patrimonial de sus miembros.

En aras de la defensa de la sociedad libre se ha justificado una amplia restricción de libertades civiles y de sus garantías, mientras se auspiciaba el mayor liberalismo económico de la historia. Libre circulación de capitales y mínimo control mercantil, bursátil y financiero. La privacidad y opacidad de las empresas han tenido un respaldo público en proporción inversa al amparo de la intimidad y del secreto de las comunicaciones de los ciudadanos. Esto ha propiciado no sólo movimientos especulativos de enormes dimensiones, sino que, al calor de ellos, el poder financiero ha penetrado con absoluto descaro en el poder político y éste se ha dejado querer y corromper. La crisis de Enron, el gigante norteamericano de la energía, explota poco después del 11-S y es una muestra a pequeña escala de lo que ahora sucede a nivel mundial. Fraude fiscal, corrupción, financiación irregular de candidatos a la presidencia, especulación, sustracción de activos, ruina de los accionistas, miles de trabajadores en paro.

El caso Enron no sirvió de escarmiento, sino que fue ejemplo de otras aventuras empresariales y bancarias, avaladas por agencias auditoras que, lejos de ser independientes, estaban al servicio de sus clientes, facilitándoles el maquillaje de sus cuentas, y siempre bajo la impunidad que ofrecía una estrecha connivencia entre poder económico y poder político. No deja de ser irritante que estas agencias de calificación, como Moody’s y Standar&Poor’s, que estaban en el ajo de esa corrupción, sean ahora las que ponen nota a nuestra deuda pública, favoreciendo una vez más movimientos especulativos de cuya ganancia no son ajenas. La zorra cuidando las gallinas, como cuando se nombró a Josu Ternera miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco.

¿Qué hacen Estados Unidos, la Unión Europea y España? Lo que ve el común de los mortales es que han puesto a disposición de los bancos una ingente cantidad de dinero para sellar los agujeros creados por su frivolidad financiera, y a peor gestión, más dinero. Todo ello sin exigir a sus autores responsabilidades de ningún tipo, ni penales ni civiles. Apenas se han hecho normas que disciplinen de verdad el sistema financiero y a la vista está que, después de casi tres años de desastre económico, no cesan los ataques especulativos al euro ni a la economía de los países en situación más delicada. Da la impresión de que se paga un rescate que sirve para sanear las próximas presas del terrorismo económico, cómodamente instalado en consejos de administración.

Por el camino queda un sistema democrático maltrecho, horadado por la corrupción, humillado por los poderes económicos y con gobiernos desacreditados por hacer recaer el saneamiento de la deuda en los inocentes ciudadanos.

Si la dedicación que se presta a combatir el terrorismo político se aplicase con igual intensidad a perseguir los santuarios del terrorismo económico (paraísos fiscales, ingenierías contables, burbujas.com, hipotecas basura, volatilidad bursátil y demás) la democracia no estaría en riesgo y los ciudadanos creerían en sus instituciones. Lamentablemente, se tiene la sensación de que las medidas anticrisis son semejantes a las establecidas en los aeropuertos para ahuyentar a los terroristas. Despelotan a uno, teniendo que dejar en la bandeja el puesto de trabajo, un despido más barato, una sustancial rebaja salarial, además de la cartera para pagar más impuestos, pero nada impide que, pasando por la zona «vip», se pueda seguir secuestrando al país.

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