Los hijos de…Cánovas- Antonio Campos Romay

5bc4d-antoniocamposromayLOS HIJOS DE…CÁNOVAS

  1. Antonio Cánovas del Castillo durante el último cuarto del siglo XIX, fue un personaje todopoderoso de la política española. Creador del “turnismo”, una falsa apariencia de democracia, habilitada tras la restauración borbónica en la persona de Alfonso XII, al amparo del sable del general Martínez Campos…Las restauraciones borbónicas, siempre de mano de un espadón…

El “canovismo”, tan idealizado por los conservadores españoles, es una mera farsa caciquil que aparentó instalar en España el modelo parlamentario británico a través de una democracia domesticada, habilitada por un bipartidismo a la medida, con la corona como coartada y el clericalismo más rancio dando la bendición. Donde el ejército, era clave para la supervivencia del modelo. El artículo 1º del código jurídico castrense  explicitaba: “La primera y más importante misión del Ejercito es defender a la nación de los enemigos interiores”

En 1874 el Sr. Cánovas redactó el Manifiesto de Sandhursts, documento fundacional del “regreso” borbónico, y la Constitución de 1876, que amparaba el “juego electoral” que auspició la llamada “alternancia pacífica”. Curiosamente entre sus coetáneos quien más le apreciaba era el canciller alemán Bismarck. El truco funcionó por las escasas diferencias entre ambos partidos. Caciques, hacendados, empresarios, mangantes de diversos pelaje trabajan a dos bandas según exigiera la situación. Pero siempre al servicio de una elite (¿casta?),  que se sustentaba sobre una parodia de participación popular. La “alternancia” cerraba el paso a opciones políticas ajenas al sistema, con la Constitución, más que garante, como espada de Damocles.

El Sr. Cánovas era un ideólogo bastante parco. Sostenía que “las naciones son la obra de Dios y no el resultado de la acción humana”. Permitir que se menoscabe el poder de España, madre de naciones, seria en consecuencia “un crimen contra Dios”…Pese a sus manifestaciones de ultranacionalismo español, la estima por sus compatriotas era más bien escasa…”son españoles los que no pueden ser otra cosa”…,”el español es radicalmente anárquico e ingobernable, necesita una mano firme que lo guie”…Algo que décadas más tarde haría frase de cabecera el dictador Francisco Franco.  En orden a ello, el Sr. Cánovas consideraba muy útil la monarquía borbónica, a la que identificaba con el ejercicio autoritario del poder – un despotismo ilustrado suavizado-, y con la integridad de la nación española.

El Sr. Cánovas, opuesto a cualquier tipo de reformas, trataba a los regionalistas vascos y catalanes que demandaban más autonomía, como terroristas decididos a destruir la unidad de España. Similar criterio al que manejaba frente a una propuesta de autonomía para la isla de Cuba, contemplada en un proyecto del Sr. Maura, inclinándose por la postura  de “luchar hasta el último hombre y la última peseta”…con el resultado ya conocido…

Cuando surgen la “Mano Negra”, y los actos protagonizado por anarquistas andaluces,  clama que eso conduce a “acabar con la civilización cristiana” Y su respuesta es brutal al tiempo que asevera  que las políticas sociales, encaminaban España a su destrucción.

Su espíritu profundamente elitista le inspira el máximo desprecio hacia las clases populares. Lo muestra en sus escritos…”tengo la convicción profunda de que las desigualdades proceden de Dios, que son propias de nuestra naturaleza”.  Para él las elites eran completamente diferentes a las masas y su propia superioridad se demostraba  “en la actividad, la inteligencia y hasta en la moralidad” y como consecuencia de ello,  “las minorías inteligentes gobernaran siempre el mundo, de una forma o de otra”…Es curioso remitirse a un artículo publicado por el actual presidente del Gobierno Sr. Rajoy en el “Faro de Vigo” en 1983, haciendo suyas una por una las palabras del Sr. Cánovas…un siglo más tarde.

Para el Sr. Cánovas la ecuación, riqueza, inteligencia y aptitud (por este orden), eran un valor absoluto para gobernar.  De hecho, en el Congreso, afirmaba, “la pobreza es un signo de estupidez”. Para el Sr. Cánovas era una misión casi de origen divino, evitar que los hombres pobres y los que él consideraba estúpidos, gobernasen. Dios había dotado al hombre con “la desigualdad, el gran tesoro de la humanidad” y el estado no debía desafiar los designios celestiales. Su doctrina frente a las penurias y desesperación de la clase obrera solo entendía dos tratamientos…la caridad privada o la represión violenta de cualquier muestra de sentimiento díscolo ante su situación mísera.

Aunque el mote era casi desconocido en España, este político se ganó en la colonia cubana el apodo de “El Monstruo”, tanto por sus medidas sociales, como por su respaldo incondicional a la política militar desplegada por el general Weyler en la isla.

Como remate a este esbozo de la personalidad del autor del “restauracionismo”,- que valdría tanto para el siglo XIX, como el XX y principios del XXI-,  unas palabras suyas en el Ateneo de Madrid pronunciadas el 10 de noviembre de 1890, en este caso, en relación al Ejercito…”será por largo plazo, quizá por siempre, robusto sostén del presente orden social, e invencible dique de las tentativas ilegales del proletariado”…Profético D. Antonio…

No parece exagerado creer que el Sr.  Cánovas, abortó el nacimiento en España de una sociedad civil democrática y con ello su vertebración social. Gestó un régimen que incrementó drásticamente la brecha social y la distancia entre la España real y la oficial. Frenó transitoriamente la voz de la ciudadanía y de  movimientos populares diversos a cambio de dimensionar fatalmente la crisis social, política y territorial.

La herencia de D. Antonio Cánovas, un hiriente reflejo del pasado, es recogida ávidamente en las Fundaciones Cánovas y FAES, arsenal ideológico del actual partido en el gobierno. Lo que en lo cotidiano, deviene en dicha formación, en comportamientos antidemocráticos, propuestas con severo carácter antisocial, restricción de libertades  y  derechos cívicos, así como laxitud e impunidad ante la corrupción, de la que en gran medida es  beneficiario directo, según muestran las diligencias judiciales en curso.

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