Digestión electoral – Iñaki Martínez

IsbertDIGESTIÓN ELECTORAL

Estas elecciones municipales de 2015 se presentaban como unos comicios muy abiertos en los que cualquier resultado era posible, finalmente se ha producido un vigoroso avance de las opciones izquierdistas y progresistas.

El avance de las fuerzas progresistas adquiere formas llamativamente diversas. En unos lugares se desploma el BNG, en otros como Pontevedra avanza. En otros el crecimiento se hizo en base a novedosas coaliciones izquierdistas locales, en otros en base a partidos clásicos, como Compromís en Valencia o el PSdG en Vigo. En unos lugares Podemos tiene un papel muy relevante en el auge de las izquierdas y en otras un papel moderado o incluso nulo. Una diversidad de fórmulas con un denominador común: una especie de estado de gracia de las izquierdas. Más les vale no acostumbrarse.

Causa de esta vitalidad izquierdista puede ser el efecto de la prolongada crisis económica que ha supuesto una áspera experiencia pedagógica para las clases populares. De esta desagradable manera, amplios sectores de las clases media y trabajadora han superado sus fantasías de éxito social, ese sentimiento de haber alcanzado un estatus de clase acomodada que se había extendido en las épocas de acceso fácil al endeudamiento familiar, renaciendo la conciencia de clase. También es posible que gran parte del electorado conservador se haya desmovilizado ante la cascada de escándalos de corrupción sistemática y la desmoralización causada por el empobrecimiento generalizado y que, en cuanto se les pase el soponcio, vuelvan a llenar las urnas con sus papeletas.

Las nuevas opciones neoliberales no han supuesto una alternativa capaz de reorientar la deserción electoral de las filas de la derecha, si bien en algunas comunidades autónomas Ciudadanos si ha alcanzado resultados relevantes.

El resultado del PSOE es relativamente modesto pero permite a los socialdemócratas y socioliberales respirar un poco, pues parece haber terminado la fase de caída y que ya pisan un suelo más firme sobre el que empezar una nueva etapa. Con excepciones, pues en Cataluña han tenido resultados calamitosos. El PSOE ha sufrido el efecto de ser identificado como un partido plenamente sistémico, una característica que en tiempos de mayor satisfacción no les perjudicaba pero que ha alejado a amplísimos sectores de sus bases de voto tradicionales, que han sufrido un proceso de proletarización que ha modificado su mirada sobre el sistema socio-económico español. Por otra parte la situación posibilita al PSOE actuar como partido bisagra, si bien el ejercicio de esa opción podría tener efectos devastadores para esa formación a medio plazo.

Llama la atención el aumento de la mayoría de Alternativa dos Veciños en Oleiros hasta superar el 60% de los votos. La formación de Ángel García Seoane no solo ha pillado el viento de popa del crecimiento de las izquierdas si no que ha rentabilizado su ya larga gestión del municipio de Oleiros, una gestión que ha convertido este territorio en un espacio singular dentro del contexto gallego. Los fenómenos de las mareas y de Podemos no han tenido efecto en Oleiros porque en cierto modo Alternativa dos Veciños ya jugaba el rol de este tipo de formaciones. Como guinda del éxito de Alternativa dos Veciños, su entrada con tres concejales en el vecino ayuntamiento de Culleredo, donde al parecer a buena parte de sus vecinos no les importaría parecerse más a Oleiros.

En medio de las nuevas fórmulas de presentación de las opciones progresistas, llama la atención el éxito de las formas clásicas del PS de G de Abel Caballero en Vigo. Mientras, al norte, una duda corroe a los coruñeses ¿Habrá poblado lapón las próximas navidades?

El BNG, aunque no en todas partes, ha sufrido importantes pérdidas, seguramente porque en estos tiempos de cambios el Bloque ofrece una estética demasiado “vigesimónica”. A diferencia de Esquerda Unida el BNG no ha disfrutado del refugio (o quizá tabla de surf) de las coaliciones de unidad popular, de manera que ha afrontado la inestabilidad de esta época a pecho descubierto. Sin embargo aguanta como una formación de identidad bien definida, una oferta electoral estable, sólida en tiempos líquidos, que quizá tenga mayores opciones más adelante, con el inevitable desgaste de las nuevas fuerzas emergentes y una posible revitalización interna.

Una fuerza política sumamente modesta pero que dentro de sus características ha tenido éxito, discreto pero interesante, es Equo. Este pequeño partido verde, casi un club político, con militantes con un perfil ilustrado y bien formado, con discreción y formas amables ha conseguido presencia en gran parte de las coaliciones de unidad popular y en coaliciones más clasicas, como Compromís, participando de su éxito. También en A Coruña.

Los nuevos gobiernos municipales de izquierda tienen ante si grandes desafíos. Corren un importante riesgo de enfrentamientos internos, conflictos que si no son paralizantes no deberían ser un problema pero que sin duda pueden suponer un argumento electoral importante para el partido de la derecha, que seguirá gozando del apoyo de los medios de comunicación corporativos, de manera que a las mareas les convendría implementar sistemas eficaces de resolución de conflictos internos. Por otra parte los proyectos políticos de los ayuntamientos de izquierdas pueden fracasar por el peso de la orientación neoliberal de las políticas de otras instancias políticas, como el Estado Central o la Unión Europea. Por ejemplo, la remunicipalización de servicios públicos puede verse frustrada por la probable aprobación del TTIP entre la Unión Europea y Estados Unidos, de manera que a los ayuntamientos de izquierdas más les valdría acometer ese tipo de medidas con la mayor premura.

 

Acerca de Contraposición

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