De la Europa de los mercaderes, a la Europa de los especuladores criminales – Jesús Penedo Pallas

contrDe la Europa de los mercaderes, a la Europa de los especuladores criminales

Cierto que desde el principio, los padres intelectuales de la idea de una Europa unida, fueron conscientes de que la tarea no era fácil, que la construcción debería de ser paulatina y tal vez sospechaban de los enormes riesgos de involución.

De 1943, se atribuyen estas palabras a Jean Monet, uno de los padres del ideal europeo “No habrá paz en Europa, si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional (…) Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables. Esto supone que los Estados de Europa se agrupen en una Federación o “entidad europea” que los convierta en una unidad económica común”.

Cuando en los cincuenta, finalizada la Segunda guerra mundial, nacen los primeros tratados europeos, para poner bajo una autoridad común determinadas producciones, se inicia un camino tortuoso, siempre árido y complejo, pero generador en todo caso de ilusión para una ciudadanía precisada de “utopías” con las que dulcificar la dureza de lo cotidiano.

Italia y Francia, fueron países del sur fundadores y promotores de las sucesivas instituciones europeas, cada vez mas complejas e inexcrutables. Pero para el resto de los países del Sur (España, Portugal y Grecia) que se incorporaron a los Tratados, en 1985, aquello supuso la culminación de un anhelo, largamente frustrado por las dictaduras que por tales los hacían inhomologables con la Europa de inspiración claramente democrática.

No resultaba sospechable, a la luz de la eforia europeizante, que lo que en aquel entonces era ilusión y optimismo, hoy se haya convertido tristemente en indignación, un mar de dudas y una enorme frustración, por la deriva especuladora e insolidaria, de una Europa, claramente amenazada por el regreso a la primacía los intereses ultranacionalistas.

Treinta años de camino, con tramos ilusionantes en los que la construcción de un entramado institucional, incluso llegaron a hacernos soñar con una ciudadanía europea, con una Constitución que nos convirtiese como conjunto en protagonistas de nuestro futuro. Treinta años amenazados por el uso interesado y criminal de unas instituciones que lejos de pretender estar al servicio de la mayoría de la ciudadanía, se han convertido de modo descarado y descarnado, en instrumentos de poderosos intereses corporativos y de nacionalidades concretas, en perjuicio (de momento) de los países del Sur.

Despojados de bancos centrales y por tanto de política monetaria, con una fiscalidad escasamente coordinada y al servicio de la insolidaridad y con un poder político nacional debilitado, todas las medidas políticas nacionales o europeas, conducen a lo misma primacía de los intereses económicos y especulativos de instituciones y élites, con grave perjuicio para la vida de ciudadanos en general y muy singularmente de la ciudadanía de los países mediterráneos, sometidos a brutales y draconianas condiciones económico-financieras, ya ni tan siquiera disfrazadas.

Valga como ejemplo de instituciones engañosas, el llamado Eurogrupo, que siendo un grupo informal y sin reglas, se ha constituido en el auténtico gobierno de los intereses en esta Europa que solo quiere serlo, no para ciudadanos, sino para intereses especulativos.

Si para que sobreviva el Euro, hemos de morir de austeridad los ciudadanos del Sur-tal parece la divisa-¿merece la pena ser europeo?

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