Islamismo e islamofobia – Iñaki Martínez

petra-laszlo-pide-disculpas-dice-que-se-asustoIslamismo e islamofobia

Estamos sufriendo un goteo de informaciones relativas a atentados del terrorismo yihadistas y actividades militares y represivas de grupos islamistas armados como ISIS y Boko Haram, en general espantosamente sanguinarias, y también de acciones terroristas de orientación islamista, más o menos organizadas, en suelo europeo.

Junto a eso, en nuestros contextos sociales inmediatos, percibimos una corriente de opinión hostil al Islam que adopta una actitud de rechazo a los inmigrantes musulmanes, en Europa en general y en España en particular, vistos como un problema e incluso, en las versiones más extremas de esa corriente de opinión, como integrantes de una fuerza invasora hostil contra la que cabrían legítimamente todo tipo de medidas extraordinarias. Desde esos puntos de vista islamófobos se establece una continuidad, casí una identidad, entre los fenómenos del yihadismo terrorista y la inmigración de musulmanes. Desde esas posturas la convivencia de los nativos europeos con los inmigrantes musulmanes es imposible, necesariamente lleva a la sociedad un conflicto insuperable aplicando métodos legalistas o “buenistas”, o sea, respetando los derechos humanos.

¿Existe un fenómeno de islamofobia que con la motivación del miedo al yihadismo vuelve a colar en la mente de los europeos semillas de intolerancia y violencia xenófoba? ¿Nos están inoculando a los europeos, de nuevo, un virus mental de intolerancia étnica que puede conducirnos a otro horripilante baile de vampiros como los ya acaecidos en la historia europea? O por el contrario ¿La inmigración musulmana es intrínsecamente generadora de violencia, no susceptible de integración en el espacio europeo y capaz de destruir la identidad y modo de vida de los nativos? ¿Los europeos nos estamos comportando como “viejos demagogos y cobardes” (como decía cierto escritor de novelas muy vendidas, que a veces parece jugar a ser el Mishima español) al no rechazar con medidas contundentes y extraordinarias la inmigración musulmana?.

Algunos de los argumentos que utiliza el sector anti-islámico suenan, a bote pronto, bastante convincentes y persuasivos. Uno de los factores que les quitan peso es que es fácil encontrarlos en boca de personas que se caracterizan por discursos intolerantes hacia diversos tipos de colectivos por causas totalmente diferentes a las que esgrimen para cuestionar lo islámico, por lo que es fácilmente discernible un patrón de prejuicio o paranoia intolerante y deshumanizadora de lo “diferente”, que llega a contagiarse a personas sin esa inclinación sistemática a la intolerancia.

También hay algunas publicaciones en Internet que ofrecen un goteo de noticias que ofrecen una imagen adversa del Islam, que vistas de modo aislado parecen fundamentadas pero, cuando las vemos en conjunto y advertimos el posicionamiento ideológico del medio en otro tipo de noticias, empezamos a cuestionarnos la objetividad de la noticia y a preguntarnos si no responde a una estrategia de manipulación informativa.

Debemos partir de que los derechos humanos no pueden ponerse en cuestión. Suponen un avance crucial en el desarrollo humano y, si nos ponemos identitarios, una característica fundamental de la cultura europea moderna. Si violentamos los derechos humanos en defensa de la cultura europea ¿Que cultura europea estaríamos defendiendo? ¿La atávica? ¿La comercial?

En España tenemos cierta experiencia en cuestiones de terrorismo. Sabemos que no es un problema fácil de solucionar pero que con trabajo constante si se puede afrontar con éxito. Los terroristas islámicos no son alienígenas, son humanos como los terroristas nativos europeos, así que las experiencias son extrapolables. Haremos bien en recordar aquel eslogan de “Vascos si, ETA no”, convirtiéndolo en un “Musulmanes si, yihadistas no”. Diferenciar conceptos: musulmanes en general, musulmanes ultramontanos, terroristas islámicos y fuerzas militares yihadistas. Tratar las diferentes problemáticas que tengan algo que ver con el Islam como un único problema merecedor de soluciones globales es generador de confusión, tóxico e injusto. Tratemos de delimitar problemáticas y de aventurar diletantemente posibles soluciones.

  1. La integración de lo musulmanes en nuestras costumbres y valores:

Muchos europeos nativos entienden que es un problema el que los inmigrantes extranjeros no asuman las costumbres locales y consideran que deberían hacerlo. Sin embargo desde un pensamiento democrático no se puede entender que nadie tenga la obligación de asumir los usos y costumbres dominantes de la población nativa, los musulmanes no tienen esa obligación como tampoco la tienen los frikis, los góticos, los homosexuales, las señoronas vestidas de pieles, los veganos o cualquier otro colectivo cuyos hábitos en materia de vestuario, peinado, alimentación o aficiones culturales se salga de los gustos mayoritarios o tradicionales en la sociedad. Evidentemente cualquier normativa estatal que impusiera determinados usos y costumbres por considerarlos los naturales de la nación, la expresión de una identidad nacional o una manifestación del volksgeist, sería una norma autoritaria escorada al totalitarismo identitario, semejante a ordenaciones sociales que estuvieron vigentes en España en otros momentos políticos, incompatibles con el principio constitucional de libertad y al libre desarrollo de la personalidad.

Por otra parte los derechos culturales de las minorías no son restringibles en base a la aplicación de un principio de reciprocidad, es decir, no cabe que es preciso respetar los derechos culturales de las personas con determinada nacionalidad si en su país de origen no se respetan los derechos culturales de determinadas minorías con las que se puede sentir identificada la población nativa española, en particular minorías cristianas, de manera que por aplicación de ese principio de reciprocidad sería adecuado prohibir abrir mezquitas en España mientras no se autorice a construir iglesias en Irán o Arabia Saudí. Aplicar el principio de reciprocidad de esta manera no sería válido porque  que los derechos humanos y los derechos fundamentales de la persona se reconocen al individuo por su condición de ser humano, no por su pertenencia a una categoría nacional. El criterio antihumanista de que los derechos de la persona vienen condicionados por su nacionalidad era el aplicado a los prisioneros republicanos en Mauthausen, en el que los encargados del establecimiento les explicaban que como el gobierno español les negaba la nacionalidad habían perdido su razón de ser.

Un estado democrático puede imponer a todos el cumplimiento de la ley, que ciertamente refleja ciertos valores de convivencia, pero no puede imponer determinados usos y costumbres sociales ni tampoco puede ponderar el reconocimiento de derechos humanos según la nacionalidad del particular. Tampoco existe un derecho constitucional de los ciudadanos nativos a que el entorno social se conserve con el aspecto de la sociedad en la que crecieron, estas cuestiones quizá fuera legítimo (no necesariamente justo) abordarlas con políticas migratorias, pero no pueden justificar vulneraciones de derechos fundamentales.

  1. Propagación de doctrinas de islamismo totalitario que justifican y apoyan las acciones armadas y terroristas:

El fenómeno de la aparición de terroristas islamistas en las comunidades de musulmanes radicadas en Europa revela que si existen una base de personas de ese origen que comparten las ideas intolerantes del islamismo radical y violento. El éxito de esa ideología violenta ciertos fallos o insuficiencias de la integración individual y colectiva de estos ciudadanos, con la aparición de centros de culto islámicos escorados a las interpretaciones más violentas de su religión, desconectadas de la cultura local y que utilizan recursos documentales proporcionados por organizaciones wahabíes, siempre bien financiadas desde el golfo Pérsico. Frente a este fenómeno de propagación de ideologías fundamentalistas islámicas que hacen apología de la violencia y la intolerancia no solo se puede actuar en el plano migratorio, educativo y de políticas sociales sino también en el de la gestión pública del hecho religioso. Desde una perspectiva de laicismo estricto el Estado tendría que ser imparcial entre las organizaciones y centros religiosos de orientación salafista o wahabí y las de orientación hanefí, sufí u otras de islamismo ilustrado, sin embargo desde un enfoque de laicismo dinámico, de no confesionalidad colaborativa, si es legítimo que el Estado colabore con las organizaciones religiosas cuando ello sea útil para estas organizaciones y para el propio Estado. La colaboración con las las organizaciones religiosas es útil al Estado cuando sirve para mejor cumplir los fines que le son propios, es decir, la defensa y desarrollo de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución y en las declaraciones Universal y Europea de Derechos Humanos, así como en los principios de rectores de la política social determinados por el texto constitucional. De esta manera el Estado puede priorizar su cooperación (prevista en el artículo 16.3 de la Constitución) con las entidades religiosas que mejor promuevan los principios constitucionales cuyo desarrollo efectivo los poderes públicos están obligados a procurar, de manera que se facilite el funcionamiento y la visibilidad de las entidades islámicas de orientación ilustrada y modernista, facilitando el que estas opciones sean accesibles a los fieles musulmanes y evitando el privilegio de hecho del que actualmente disfrutan las organizaciones islámicas reaccionarias, que gozan de la ayuda de las monarquías wahabíes de la península arábiga.

Igualmente fuera de las fronteras europeas sería posible alguna colaboración española con las opciones islámicas ilustradas o progresistas y con las organizaciones y grupos de opinión laicistas, a través de organizaciones culturales públicas o no gubernamentales europeas, haciendo de contrapeso, en alguna medida, al apoyo del wahabismo petrolero al islamismo ultramontano.

En otro sentido, se podría valorar si sería posible y conveniente inhabilitar a ministros religiosos que en el ejercicio de sus funciones hicieran apología del terrorismo o cerrar centros de culto en los que se realizaran esas acciones, bien en base a una modificación de la Ley de Libertad Religiosa a imagen y semejanza de la Ley de Partidos (sin llegar a convertir la Ley de Libertad Religiosa en una Constitución Civil del Clero) o por medio del Código Penal.

  1. Persecución a los cristianos en países islámicos:

Desde algunos círculos se insta a los gobiernos de los países cristianos a defender a los cristianos perseguidos en países islámicos, muy especialmente en Siria, Iraq y Nigeria.

Esta pretensión tiene un problema, los gobiernos de los países tradicionalmente cristianos no son gobiernos cristianos, en general son gobiernos laicos. Así es en concreto en el caso del gobierno del Estado Español, por lo que no cabe exigir ni pedir que estos gobiernos salgan en defensa de “los suyos”, entendiendo por estos los cristianos de Oriente Medio y otros países de mayoría musulmana.

Esto no quiere decir que en nombre del laicismo los estados europeos democráticos deban permanecer impasibles ante la persecución de ciudadanos por razón de su confesión cristiana. La defensa de los derechos humanos es una parte fundamental del ordenamiento constitucional y del acervo político de las democracias europeas y ese principio debería tener consecuencias en la orientación de sus políticas exteriores, aun cuando chocara con los intereses de las compañías mercantiles con sede en sus territorios.

De manera que los grupos religiosos residentes en las democracias occidentales están legitimados para pedir ayuda para sus correligionarios y los estados deben orientar su acción exterior a la defensa de los derechos humanos de las minorías religiosas (y de otro tipo), en las que en Siria hay que incluir no solo a los cristianos si no también a chiíes, ateos e izaidíes.

  1. Grupos armados islamistas radicales:

En esa categoría habría que incluir grupos propiamente terroristas y grupos organizados como ejércitos, tales como el Estado Islámico (ISIS) o Boko Harám.

No me atreveré a decir si los estados europeos deberían intervenir militarmente contra el ISIS o Boko Harám, por una parte porque a las opiniones públicas europeas ya nos han convencido en varias ocasiones de la necesidad de ciertas guerras con motivos que luego se revelaron como falsos, y por otra porque siempre hay que tener cierta dosis de prejuicio pacifista frente a propuestas bélicas que se sabe como empiezan pero no como acaban. Sin embargo si que me parece exigible que los estados occidentales dejen de apoyar militarmente al ISIS y a grupos similares, pues eso es lo que han hecho repetidamente al derrocar déspotas laicos de estados árabes, como Sadam Hussein y Gadafi, e intentaron hacer con al Assad, poco dóciles a los intereses compartidos por las monarquías del Golfo y las multinacionales petroleras occidentales, dejando campo abierto al ISIS y fuerzas similares, más cercanas a las monarquías de la península arábiga, y que dan acceso al petroleo de los territorios que controlan a los compradores adecuados.

Por cierto ¿Las compañías petroleras no deberían asumir alguna responsabilidad económica en esta crísis de refugiados provenientes de Siria y Libia?

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
Esta entrada fue publicada en AUTORES, Iñaki Martínez. Guarda el enlace permanente.