¿Quién frena a la Justicia? – José Luís Martín Palacín

27987-martinpalacin¿Quién frena a la Justicia?

En los momentos podría ser una pregunta aplicable a muchos casos. Y también podría serlo la contraria: ¿quién acelera a la Justicia?. Pero por ahora no quiero referirme más que a un tema: el del proceso del tren Alvia descarrilado en Compostela el 24 de julio de 2013, cuando los que lo esperábamos ya habíamos recibido el anuncio oficial de su llegada.

A las víctimas de un trágico accidente, a sus familiares y allegados, solo les queda un recurso para cerrar sus vidas con la dignidad que merecen, o para tener un motivo para seguir sus vidas, no sin dolor, pero con serenidad. Y ese recurso lo proporciona el hecho de que se haya practicado una Justicia completa y justa (permitidme la repetición). No, no son las indemnizaciones: es la convicción de que se ha hecho todo lo que se podía para que quienes hayan estado en el camino, en este caso del descarrilamiento, cumplan con su obligación de comparecer ante la Sociedad asumiendo su parte de responsabilidad.

Y en el caso del Alvia muchas personas seguimos esperando ese tren, y cuando hemos conocido el auto judicial que cierra la instrucción hemos tenido la sensación de que el tren no solo ha descarrilado, sino que ha atropellado nuestro sentido lógico y nuestra confianza en la Justicia.

No quiero poner en duda que los argumentos procesales que respaldan el auto del juez sean legítimos, teniendo en cuenta los datos que hayan considerado. Pero me queda la pregunta de si habrán considerado todos los datos, y si habrán incorporado la consideración de todas las circunstancias, no solo puntuales sino históricas.

Un procedimiento con dos jueces. El primero de ellos que en un año de investigación deja un abundante material incorporado a la causa, y que ha intentado por dos veces imputar a más de una decena de responsables de las entidades que diseñaron el sistema que descarriló, y que debían haber controlado hasta el último extremo de su seguridad. En las dos ocasiones se produce intervención de una instancia judicial superior, que termina invalidando las imputaciones. Y una discrepancia entre los peritos judiciales propuestos por las partes, y una queja de las asociaciones de victimas de que no se han escuchado los argumentos del único perito que no representaba a las partes, y que señala deficiencias que podrían haber modificado las responsabilidades.

Y, en medio de todo el proceso, justo al año del accidente, los imputados de Adif, de forma unánime, con el primer juez ya casi en retirada, se niegan a declarar, amparados en el recurso que estaba pendiente de resolución de la Audiencia Provincial. La Sociedad contempla atónita cómo quienes tendrían que haber dado explicaciones claras y rotundas, se esconden detrás de unos procedimientos y no aclaran los hechos que avalan la convicción de su inocencia.

Nadie –ni él mismo- niega las responsabilidades del maquinista. Pero hay unos hechos objetivos que no los produjo el maquinista, y que no surgieron por generación espontánea:

La modificación del trazado de la línea para acelerar su inauguración. La supresión, un año antes del accidente, de un sistema automático de frenado en el tramo modificado, para impedir los excesos de velocidad; al parecer porque cierta incompatibilidad entre infraestructura y sistemas embarcados daban errores del software: pero errores que no aceleraban el tren, sino que lo frenaban. Un compromiso de que en un plazo de seis meses quedaba resuelta la situación para que pudiera haber sistema automático de frenado; sin que se subsanara en tiempo y forma, y sin que nadie responsable reclamara sobre el incumplimiento. La falta de balizas de señalización en la infraestructura que alertaran sobre el peligro y la velocidad máxima en el tramo: balizas que se pusieron inmediatamente después del accidente, enmascaradas entre otras más de trescientas colocadas en otros tramos de AVE. Y el hecho de que el maquinista debía controlar la ruta a través de un texto impreso, sin la existencia de ningún elemento de seguridad que hiciera saltar la alarma ante el propio maquinista si éste sobrepasaba los límites.

Son hechos a los que se les ha dado muchas vueltas, pero que las víctimas completamente inocentes del accidente tienen derecho a que sean considerados y analizados en el juicio oral, y a hacer que los responsables que debían velar porque no se hubieran producido tuvieran que rendir cuentas acerca de los mismos.

Puede que a la Justicia la sigan representando como ciega. Pero nuestra Sociedad tiene los ojos bien abiertos, y hay mucha gente que no entendemos que se nos hurte el debate, justo en la instancia en la que en este caso debe realizarse: en el juicio, con todos los que –de un modo u otro- han tenido la responsabilidad sobre los hechos objetivos, explicando su comportamiento y defendiendo su inocencia. Y la Prudencia, que también es exigible a la Justicia, seguro que aconseja que el planteamiento hubiera sido ése. Para evitar que la Sociedad siga pensando que no solo hay jueces estrella, sino también “afectados” estrella, capaces de hacer que lo que debería ser Prudencia se convierta en un desasosegante apocamiento.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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