De la pereza y la felicidad – Antonio Campos Romay

83bab-antoniocamposromayDE LA PEREZA Y LA FELICIDAD

Paul Lafargue cubano de origen nacido en 1842 y nacionalizado francés, estaba fuertemente influenciado por el pensamiento proudhoniano. Posteriormente maduró su ideología bajo el peso  de D. Carlos Marx, en parte por haber pasado a formar parte de su familia al desposarse con su hija Laura. La pareja se conoció cunando  encontraron en Londres , la familia Marx exiliada y el joven Lafargue colaborando con la I Internacional.

Tras estudiar medicina, y ejercer el periodismo, aunó la teoría política con la praxis revolucionaria. Viajo al Reino Unido y a España. Aquí se refugio tras la represión de Thiers que aplastó la revolución de la Comuna de París (1871). En  Madrid, contacto con otro miembro de la Internacional, D. Pablo Iglesias Pose (el autentico) que en aquellas andaba poniendo en marcha las estructuras del PSOE y la UGT.  Escribió asiduamente en La Emancipación, no sin tener algunos roces con el  anarquismo, sustancialmente por sostener  la necesidad de un partido obrero. Su último acto  político en España consistió en representar a la minoritaria sección marxista en el Congreso de La Haya de 1872, congreso que significó la desaparición de la I Internacional como asociación unitaria de los socialistas. Tras ser miembro fundador de sus secciones en Francia, España y Portugal , posteriormente desempeño cargos directivos en la II.

Lafargue, no esta claro si por un amor finalista a la pereza  o para refutar las tesis de Louis Blanc expuestas en, 1848 en su “Derecho al Trabajo” , aborda la defensa del sueño de la abundancia y el goce, de la liberación de la esclavitud del trabajo en su “Derecho a la Pereza” que  publica a partir 1880 en el diario L`Egalité. Una obra acogida con sumo  interés. Irónica y mordaz, desato la polémica en el movimiento obrero del  siglo XIX y terminó en convertirse en referencia literaria más allá de ideologías.

Lafargue en contra de las tesis de los campanudos economistas y teóricos oficiales  del capitalismo, (les suena), en momentos en que el esclavismo era una realidad bajo formulas poco  sutiles (quizás menos que las usadas hoy), tuvo gran eco en  la parroquia marxista y anarquista . Formula una serie de amables ideas, como  reducir las jornadas laborales a 3 horas como máximo y mejorar el poder adquisitivo de la clase trabajadora como soluciones a las crisis de superproducción periódicas, y frente a un sistema capitalista que generaliza el paro y la miseria, clama por el triunfo revolucionario, que representaría el instrumento básico para trabajar lo menos posible y disfrutar intelectualmente y físicamente lo más posible. Lafargue incluye en su texto de 1880 una cita de Engels, que por su frescor y actualidad es útil reproducir : “Desde 1825, año en que estalló la primera crisis general, el mundo industrial y comercial, la producción y el comercio de los pueblos civilizados y de sus anejos más o menos bárbaros, se deteriora cada diez años aproximadamente. El comercio se detiene, los mercados están atestados, los productos son tan abundantes como invendibles; la moneda se oculta, el crédito se desvanece, las fabricas se cierran, la población obrera se encuentra desprovista de medios de subsistencia por haberlos producido antes en exceso, las bancarrotas se suceden, lo mismo que las ventas a precios ínfimos. Durante años, se mantiene este exceso de artículos, se desperdician o destruyen, en gran cantidad, las fuerzas productivas y los productos sobrantes, hasta que desaparece el exceso de mercancías despreciadas y la producción y el intercambio recuperan progresivamente su ritmo. Poco a poco, el crecimiento se acelera se pone al trote,del trote industrial se pasa al galope y, por fin, al galope tendido de una carrera de obstáculos, en la que la industria, el comercio, crédito y la especulación, después de los saltos más arriesgados, acaban en el abismo de la crisis. Entonces, hay que volver a empezar. Hemos atravesado cinco crisis desde 1825 y acabamos de salir de la sexta. El carácter de estas crisis es tan claro, que Fourier ha acertado con una denominación general al llamar a la primera: «crisis de abundancia» 

Los párrafos del Derecho a la Pereza, recogen reflexiones del siguiente tenor: Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de las naciones donde domina la civilización capitalista. Esta locura trae como resultado las miserias individuales y sociales que, desde hace siglos, torturan a la triste humanidad. Esta locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo, llevada hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de sus hijos. En vez de reaccionar contra esta aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas han sacralizado el trabajo. Hombres ciegos y de escaso talento, quisieron ser más sabios que su dios; hombres débiles y despreciables, quisieron rehabilitar lo que su dios había maldecido. Yo, que no me declaro cristiano, economista ni moralista, planteo frente a su juicio, el de su Dios; frente a las predicaciones de su moral religiosa, económica y libre pensadora, las espantosas consecuencias del trabajo en la sociedad capitalista”.

“la pasión ciega, perversa y homicida del trabajo transforma la máquina liberadora en un instrumento de servidumbre de los hombres libres: su productividad los empobrece”

“Para que la competencia del hombre y de la máquina se acelerara, se abolieron las sabias leyes que limitaban el trabajo de los artesanos de las antiguas corporaciones; suprimieron los días feriados. Puesto que los productores de entonces trabajaban sólo cinco días sobre siete, ¿creen pues, tal como dicen los economistas mentirosos, que no vivían más que del aire y del agua fresca? ¡Vamos! Tenían tiempo libre para disfrutar de las alegrías de la tierra, para hacer el amor y divertirse; para hacer banquetes jubilosamente en honor del alegre dios de la Holgazanería. La melancólica Inglaterra, hoy sumida en el protestantismo, se llamaba entonces la “alegre Inglaterra” (Merry England). Rabelais, Quevedo, Cervantes y los autores desconocidos de novelas picarescas, hacen que se nos haga agua la boca con sus pinturas de esas monumentales francachelas, con las que se regalaban entonces entre dos batallas y entre dos devastaciones, y en las cuales “se tiraba la casa por la ventana”. Jordaens y la escuela flamenca las han plasmado en sus divertidas pinturas. Sublimes estómagos gargantuescos, ¿en qué se han convertido? Sublimes cerebros que abarcaban todo el pensamiento humano, ¿en qué se han convertido? Ahora estamos muy disminuidos y muy degenerados. La carne en mal estado, la papa, el vino adulterado y el aguardiente prusiano sabiamente combinados con el trabajo forzado debilitaron nuestros cuerpos y redujeron nuestros espíritus. ¿Y es precisamente cuando el hombre ha achicado su estómago y la máquina ha agrandado su productividad, que los economistas nos predican la teoría malthusiana, la religión de la abstinencia y el dogma del trabajo? Habría que arrancarles la lengua y arrojarla a los perros”

“A lo que el pueblo, engañado en su simpleza por los moralistas, no se atrevió jamás, un gobierno aristocrático se atreve. Despreciando las altas consideraciones morales e industriales de los economistas, que, como los pájaros de mal agüero, creían que disminuir en una hora el trabajo en las fábricas era decretar la ruina de la industria inglesa, el gobierno de Inglaterra prohibió por medio de una ley, estrictamente observada, el trabajar más de diez horas por día; y como antes, Inglaterra siguió siendo la primera nación industrial del mundo.”

“La hipocresía cristiana y el utilitarismo capitalista no habían pervertido a estos filósofos de las repúblicas antiguas; hablando para hombres libres, expresaban ingenuamente su pensamiento. Platón, Aristóteles,  querían que los ciudadanos de sus repúblicas ideales vivieran en el más grande ocio; porque, agregaba Jenofonte, “el trabajo ocupa todo el tiempo y con él no hay ningún tiempo libre para la república y los amigos”. Según Plutarco, el gran mérito de Licurgo, “el más sabio de los hombres”, para admiración de la posteridad, fue el de haber brindado ocio a los ciudadanos de la república prohibiéndoles todo oficio”.

Trescientos años antes de Cristo un perspicaz Aristóteles avisaba que “a lo largo de la vida solo hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón”.  En la España actual, la felicidad sería no sentirnos permanentemente rehenes de la depresión colectiva que angustia y abarca a todos los sectores sociales. SI algún Sr. Presidente promete devolvernos el derecho a la felicidad, debería saber que esta, prioritaria mente, se consigue garantizando desde las administraciones públicas aquellos derechos que son  esenciales para la calidad de vida ciudadana. Y que son fruto de grandes conquistas históricas. Una felicidad colectiva que se basa en acceder a derechos como educación, sanidad, vivienda,  trabajo, acceso a la cultura, la atención a dependientes, a la infancia, etc. En estos tiempos de crisis, en los que cabria parafrasear a Madame Roland en 1793, “¡Oh austeridad, cuantos crímenes se comenten en tu nombre!”, los todopoderosos representantes del Becerro de Oro desfalcan sin pudor desde sus ángulos oscuros, también los derechos sociales, asolando sin sonrojo la felicidad colectiva entendida como calidad de vida.

Un referente del constitucionalismo universal, la Constitución de los EEUU, en su prefacio derivado de la Declaración de Derechos de Virginia de 1776, es categórica: “Todos los hombres son, por naturaleza, igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes de los que no pueden privar o desposeer a su posteridad por ninguna especie de contrato, cuando se incorporan a la sociedad; a saber, el goce de la vida y de la libertad con los medios de adquirir y poseer la propiedad y perseguir y obtener la felicidad”.

La felicidad no estriba en grandes golpes de suerte, que pocas veces suceden, sino reside en cosas menores que ocurren todos los días. La búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental, al que se puede contribuir desde un gobierno decente que promueva políticas  públicas que la incluyan como soporte del bienestar general.

El controvertido  Oscar Wilde afirmaba que existen dos maneras de ser feliz en esta vida. Una es hacerse el idiota. Otra, serlo. Olvidó una tercera circunstancia. Convertirnos permanentemente en idiotas. Algo en lo que han surgido auténticos expertos tanto en serlos, como en hacernos.

En fin todo esto es apenas una digresión para constatar que vivimos tiempos de cólera contra principios tan entrañables como el Derecho a la Pereza y el Derecho a la Felicidad.

Acerca de Contraposición

Un Foro de Estudios Políticos (FEP) que aspira a centrar el debate sobre los diversos temas que afectan a la sociedad desde la transversalidad, la tolerancia, la libertad de expresión y opinión. Desvinculado de corrientes políticas o ideologías organizadas, pero abierto a todas en general, desde su vocación de Librepensamiento, solo fija como límite de expresión, el respeto a las personas y a la convivencia democrática. El FEP se siente vinculado a los valores republicanos, laicos y civilistas como base de una sociedad de librepensadores sólidamente enraizada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad.
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