RÉGIMEN, CASTA, TRAMA. EL LENGUAJE DE LA POSDEMOCRACIA.-Jesús Penedo Pallas (*)

El que un grupo de jóvenes universitarios, inspirados por algún profesor no tan joven, inicien una aventura política como experiencia vital, no solo parece aceptable, sino que en condiciones normales, sería tan deseable como lógico.

Pero una nueva coyuntura emergió a partir de finales de los años ochenta. La caída del simbólico muro de Berlín, la desintegración de la Unión Soviética y el derrumbe del modelo en el que se sustentaba; constituyeron manifestaciones del triunfo del modelo conservador occidental; liberado ya de todo freno y lanzado a la mayor vorágine especulativa jamás conocida.

El triunfo manifiesto y perdurable del modelo chino de capitalismo de estado, sustentado en un férreo autoritarismo y con severas limitaciones del Estado de derecho, supone un acicate mas para que los paladines de la democracia liberal, abdiquen del sagrado principio de que capitalismo y democracia son conceptos interdependientes.

En fin, que los paradigmas que inspiraron la democracia de posguerra en Europa, entraron en una profunda crisis, que condujo a que aquella Europa alumbrada para conjurar el riesgo de guerras entre países hermanos, no tuvieran razón de ser al poner bajo una autoridad común los intereses económicos, con el objetivo declarado, de tender también a la integración política cada vez mayor.

Pero la carne es débil y las tentaciones potentes. Aquella primigenia etapa de entente cordiale entre socialdemócratas y demócrata-cristianos, que tan excelsos resultados proporcionó a la ciudadanía europea, fué arrinconada y arrasada por la fiebre ultraliberal nacida a partir de los noventa. Los resultados fueron tan desastrosos, como imprevisibles lo serán los futuros, si la actual deriva no se corrige.

La llamada crisis de la socialdemocracia, distinguida por un importante grado de seguidismo de los políticos socialdemócratas de las posiciones liberales y la consecuencia demoledora de perder la credibilidad por la discordancia entre el mensaje y las politicas reales; tuvo como consecuencia en la mayoría de paises europeos y muy señaladamente Grecia, Italia, España, Holanda, Francia en camino y otros; una pérdida de apoyo electoral de enormes dimensiones de los partidos socialdemócratas locales, la dispersión del voto de la izquierda y las consiguientes ventajas para la derecha imperante.

La rapidísima emergencia de fuerzas desconocidas, arropadas con un novedoso  lenguaje “el pueblo”, “el común”, para referirse a los votantes, en un claro intento de arrogarse la condición de representantes auténticos, parece que hizo fortuna y sedujo a una parte nada desdeñable del electorado del ala izquierda de la ciudadanía, incluso sin necesidad de profundizar en propuestas demasiado elaboradas, cuando no concurriendo al mercadeo con algunas que por disparatadas hubieron de ser abandonadas y olvidadas con cierta premura.

A este juego del lenguaje apropiativo, hay que sumar otro juego maniqueo, desvergonzado y manifiestamente falaz, consistente en equiparar la democracia alumbrada en 1978, con imperfecciones, pero fruto indudable de la lucha democrática de aquella generación, como “el Régimen”, en un claro intento de sugerir la continuidad del franquismo con el apoyo de las organizaciones que lucharon para su desaparición.

Y esto pretenden compatibilizarlo, reivindicando como propias fechas como el 10 de marzo de 1972 de Ferrol, la matanza de los abogados de Atocha, o cualquier hecho relevante de la lucha democrática de entonces, susceptible de rentabilidad. En definitiva, ellos conocen perfectamente la Historia, pero pretenden conscientemente desvirtuar el papel de los protagonistas reales, para apropiarse ilegítimamente de una herencia que ni les corresponde ni han hecho mérito para recibirla.

Incautos hubo, que nos ilusionamos con aquellos pacíficos y aparentemente idealistas movimientos de indignados, creyendo que su objetivo era proponer un nuevo modelo de relaciones políticas, mejorando  efectivamente mejorable praxis de los partidos existentes. Pero la ilusión se marchitó, cuando descubrimos que en realidad, estábamos ante una suerte de ensayo de ingeniería social, consistente en llevar a la práctica los conocimientos adquiridos en las aulas sobre el manejo de las masas.

Primero todos los que creíamos y algunos seguimos creyendo en la imperfecta democracia (todas lo son) alumbrada por la Constitución de 1978, constituíamos lo que ellos dieron en ensayar como “casta” con una clara connotación negativa y de clase privilegiada, que obviamente no hizo la fortuna deseada, ya que finalmente se desecha, para sustituirla por un término nuevo.

Ahora es la “trama” el nuevo mantra que pretende evidenciar para una ciudadanía inculta y adormilada, que la democracia está secuestrada por una élite minoritaria a la que hay que “desenmascarar”.

Todo ello, aderezado con una estudiada verborrea, de cuya eficiencia y resultados, tendremos noticias en el futuro.

Cierto que los partidos clásicos y muy particularmente los socialdemócratas, contribuyen con su propio descrédito a dejar el campo expedito, para todo tipo de populismos de aquí y de allá, pero sinceramente; a quién presuntamente abandera una revolución, parece razonable exigirle un cierto rigor que le diferenciase al menos en el plano ético de aquellos que con su crítica no siempre rigurosa, pretenden desbancar.

Todo esto, suponiendo que sus intenciones regeneradoras fuesen honestas y que no se tratase de una simple operación técnica de “asalto” a los cielos del poder.

(*) Jesús Penedo Pallas, Ingeniero Técnico Industrial, Licenciado en derecho, Secretario del Patronato de la Fundación Adcor y jubilado de la Función pública.

Acerca de Contraposición

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