AQUELLO DE “EL VIEJO Y EL MAR”…José Luis Martín Palacín

El error de Grande-Marlaska: por evitar hacer sangre y echar carnaza a los tiburones, por poco pierde el brazo. Se limitó a decir que el cese de Pérez de los Cobos se produjo por una pérdida de confianza. Y aún hoy lo dice. Y no miente. ¿Quién mejor que él va a saber si perdió o no perdió la confianza en ese mando de la Guardia Civil?

Posteriormente el espíritu de Montesquieu ha sido blandido de manera furibunda por tirios y troyanos, destacando -¿cómo no?- el PP de la FAES de aquel Aznar que se atrevió a declarar una guerra ilegal y mendaz, y que hace de ventrílocuo de Casado por boca de doña Cashetana. Al aquelarre de escandalizados no podía faltar la facción parlamentaria financiada por el CNRI, que fue un reconocido grupo terrorista iraní: o sea, Vox, que de pronto -a contraprograma- se convierte en el más ferviente defensor de la democracia. Y después ha seguido una legión de prensa de todos los estilos y de tertulianos de todas las especies, convertidos en jinetes del escándalo más captador de audiencias…

Lo que ha pasado con la filtración de una nota de la directora de la Guardia Civil da doblemente la razón a Marlaska: no debía confiar en Pérez de los Cobos. Y la Guardia Civil necesita un cambio en profundidad.

La nota no es explícita: sólo se refiere a la no información sobre investigaciones en curso. Cada cual la interpreta a su antojo y conveniencia. Y Grande-Marlaska explica que dicha nota era sobre la obligada investigación de la filtración de un informe enviado a la jueza. ¿Alguien puede demostrar lo contrario? Nadie.

El propio Pérez de los Cobos no ha osado intentar defenderse, o simplemente demostrar, que la nota de la directora le pedía información sobre el chapucero y torticero informe. Ni siquiera que hubiera alguna llamada para pedir el informe. La propia jueza en su apresurado escrito a Interior asegura que no tiene constancia de que se produjera ningún intento de forzar a los autores de tal bodrio para que comunicaran el contenido. Pero lo que sí hubo fue una filtración, que es un delito.

¿De qué estamos hablando entonces?

De que nadie puede demostrar que Grande-Marlaska haya mentido cuando afirmó que nadie de la cúpula de su ministerio quiso violar a la policía judicial. Ni uno solo de los afectados ha dicho que nadie le diera instrucciones en dicho sentido. Ni el propio Pérez de los Cobos, que ahora, envalentonado por la reacción corporativista de algunos mandos, anda pensándose si recurre no se sabe qué: porque una pérdida de confianza es irrecurrible.

Que nadie puede demostrar que lo que se le pide a Pérez de los Cobos no es si se ha investigado sobre la filtración (como era su obligación). Por tanto nadie puede -más que de forma hueca y retorica- desmentir al ministro.

Que hubo una filtración indebida e interesada, y que sólo se pudo realizar o por los autores, o desde el juzgado de Rodríguez Medel. Y que dicha filtración debería estar investigándose.

Que -visto el contenido de lo filtrado- el supuesto informe es un libelo que la jueza está obligada a considerar y tal vez a deducir testimonio sobre sus autores. Porque falseando testimonios ciertos pueden haber incurrido en los delitos tipificados en los artículos 390 y 391 del código Penal.

Que, en efecto, la Guardia Civil necesita una reestructuración entre algunos de sus mandos, y que Marlaska debe actuar con celeridad y contundencia, para evitar que el corporativismo opere, y le aparezcan sectores “patas negras” de esos que consideran que el Instituto Armado no es del Estado sino de ellos.

Que el espíritu de la policía política del Opus/PP sigue presente en Interior, y que se impone una reconversión profunda y urgente.

Que hay que estudiar a fondo cómo reconvertir la formación de los miembros de Cuerpos y Fuerzas de nuestra Seguridad, para que sean más constitucionales, más demócratas, más veraces, y más neutrales en sus actuaciones. Y que el dichoso escalafón no puede ser sólo una cuestión de dejar discurrir el tiempo…

Y también sería precisa una reconsideración sobre los jueces, cuyas organizaciones tienden a reaccionar de modo tan corporativista, siendo, además, como son, una corporación cerrada, endogámica, y poco inmersa en nuestra Sociedad.

La tormenta desatada en el vaso de agua de una actuación sencilla y de una confesión directa y sincera, viene a demostrar que tenemos el mar del mundo político e institucional plagado de tiburones. Y ya no sólo Grande-Marlaska: todo el Gobierno debe andar muy fino, prudente y ágil, y no sólo llevado de un tenaz voluntarismo, si quiere llegar, y llevarnos a buen a buen puerto, sin que los tiburones de toda condición acaben a dentelladas con todos los logros alcanzados, como hicieron con aquel gran pez marlín del épico Viejo del mar de Heminguay.

(Artículo publicado en “Nueva Tribuna”)

 

 

 

 

 

 

 

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