Desde hace años la política española se caracteriza por una tendencia a declinar la empatía en aras de una agresividad traducida muchas veces en pura grosería. Un virus que infestó la política de forma significativa con la presencia del Sr. Aznar, se doctoró posteriormente enfilando sus dardos contra la administración del Sr. Rodríguez Zapatero, y teniendo lamentable continuidad contra el Sr. Sánchez.
Algo que ofende el sentido común e indigna especialmente a quienes esperan respuestas a sus angustias y solo reciben trifulcas de verduleras. Decae el ánimo constructivo y de dialogo ante los talantes encaminados a la destrucción del contrario entendido como enemigo, la crispación y la grandilocuencia hueca si acaso salpicada de lugares comunes. Es el estado de hombres y mujeres incapaces de entender que lo que se le pide es un mínimo sentido de estado.




