Nada como una imagen para explicar datos numéricos de países en términos de proporciones. Dado el desconocimiento de los estadounidenses sobre el mundo islámico, el Pew Research Center’s Forum on Religion and Public Life publicó, para mostrar su distribución mundial, un cartograma, un mapamundi donde el tamaño de cada país está basado en su población musulmana (cada cuadradillo representa un millón de personas). Aunque los perfiles aparecen distorsionados, reconocemos los países de Asia, aunque África aparece cortada en la mitad sur y Europa es una pequeña porción. Pero la sorpresa es el continente americano que sólo son cuatro cuadradillos (como Francia), sólo dos en USA. No extrañan así las estupideces de Donald Trump, quien tampoco ha leído ese informe. Si se superponen los datos de los países en los que son más los chiís que los sunís, también sirve de ayuda para comprender algunos de los actuales conflictos.
En estas últimas fechas se ha puesto el foco en los conflictos entre Arabia Saudí e Irán, que incluyen desde decapitaciones de chiís, a competencia en aportación de recursos petrolíferos. Incluso tenemos conexiones directas: el país al que más armas vende España y del que está pendiente la industria naval, frente al que, una vez levantadas las sanciones, puede ser un nuevo socio de negocios. Las explicaciones más comunes a los conflictos en la zona, que hace once siglos fue el “centro del mundo”, hoy se reducen a digresiones economicistas. Pero en un momento en que el precio del petróleo oscila a la baja y las bolsas occidentales miran a las del extremo oriente que, por la diferencia horaria, cierran antes que ellas abran, son cada vez surrealistas las explicaciones de los presuntos expertos. Y se llega al extremo cuando nos explican que en Suiza recomiendan retrasar el pago de impuestos y que sus envejecidos ordenadores no son capaces de calcular los intereses de mora. Seguir leyendo





