Elecciones europeas. Que le cuesta al ciudadano la Unión Europea y que recibe a cambio.
Las Elecciones al Parlamento Europeo están a la vuelta de la esquina. En el escaso debate existente están sobre todo cuestiones locales de cada estado y todas aquellas medidas desagradables que los gobiernos pueden cargar a “los burócratas” de la UE. Craso error, los ciudadanos nos jugamos mucho más con los resultados.
Yo creo que una buena aproximación a la decisión de votar, y que o a quien votar, en las ya inminentes Elecciones al Parlamento Europeo sería la misma con que cualquier persona afronta un negocio: cuál es la inversión y esfuerzo necesario, que objetivos lograr y que beneficios se esperan de ellos.
Este negocio, que empezó con 6 Estados socios en 1957, con el Tratado de Roma, hoy tiene 28, regidos por el Tratado de Lisboa de 2009, y somos beneficiarios, o sufridores, más de 501 millones de ciudadanos. Tenía, y aún tiene, un objetivo principal, en apariencia simple: evitar que siguiéramos matándonos. La historia de esto que llamamos Europa, geografía, estados, personas con sus identidades, etc., ha sido, hasta hace muy poco y durante miles de años, la historia de las guerras y batallas libradas en su territorio para que una parte de sus habitantes pudiera dominar al resto; durante siglos, en nombre de sus dirigentes, o de sus religiones, o de su “superioridad” de raza o cultura, algún colectivo ha iniciado la matanza de otros colectivos diferentes para someterlos por la fuerza. Por el momento el objetivo se ha alcanzado razonablemente bien.
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