Recorte de concelleiros sen reforma municipal – Xosé A. Gaciño

Xosé A. Gaciño

Perigoso precedente o que supón a decisión de reducir o número de concelleiros para recortar gastos públicos, dentro da onda de austeridade posta de moda na implacábel senda anticrise marcada na Unión Europea. Se vai prosperando ese argumento, a representación democrática pode verse afectada nunha medida imposíbel de prever. Cál é o número de concelleiros razoábel para equilibrar representación e gasto? E se reducimos o número a só un por cada grupo ou partido, co voto ponderado en función dos votos obtidos nas urnas? E se prescindimos por completo dos concelleiros e privatizamos a xestión dos municipios en plan concesión administrativa?

As preguntas poderían irse facendo nos diversos niveis de representación democrática e non serían poucos os que se sentirían tentados a proclamar que a democracia, con todo o seu despregamento de institucións representativas, resulta máis cara que unha boa ditadura persoal cun razoábel número de capataces que manteñan a raia á cidadanía. Non sería como os recortes compulsivos dos venres pola mañá, cos que se trata de obter efectos inmediatos e masivos (por iso afectan á maioría da poboación). Máis ben seguirían unha tendencia moi acusada nestes tempos de confusión elaborada: a de aproveitar a crise para ir suprimindo conquistas sociais e democráticas.

Ninguén vai negar os graves problemas que afectan á administración local, especialmente no que se refire ao seu financiamento, cuestión recorrente á que todos aluden nas campañas electorais e que ninguén remedia cando ten facer fronte á súa obrigación lexislativa. Precisamente esas necesidades de financiamento municipal (e tanta corrupción colateral) están na raíz das permisividades urbanísticas que permitiron ou alentaron a burbulla inmobiliaria, cos resultados actuais, de depresión do sector da construción e de bancarrotas municipais, que todos coñecemos.

Supoño que o Goberno é consciente de que a redución do número de concelleiros nun trinta por cento non é a reforma que a administración local necesitaría. Postos no horizonte do 2015 (que é cando podería aplicarse, nas próximas eleccións locais), esta medida parece inscribirse máis ben no catálogo de recortes en reserva (como as pensións, por exemplo) para o caso, nada improbábel, de que os desfases no déficit público e na débeda soberana sigan sen resolverse.

Xa que logo, a administración local non parece figurar no catálogo desas reformas estruturais cuxa referencia adorna discursos e do cumentos. Polo de agora, non se contempla nin un deseño serio de financiamento nin un proxecto de reordenación que promova fusións ou mancomunidades de municipios. Para atender servizos aos que dificilmente poden facer fronte os moitos municipios máis pequenos, decídese recorrer ás deputacións provinciais, non xa para facilitar axudas como ate agora, senón para asumir unha xestión directa. O que parecía unha institución a extinguir –sobre todo nalgunhas comunidades históricas, como Cataluña e Galicia– vai volver ter protagonismo, da man do clásico receo da dereita española contra o autonomismo, un receo que vemos traducirse en acosos progresivos deste Goberno central (a pesar de que a gran maioría das comunidades autónomas están gobernadas polo mesmo partido).

Ao remate, e de momento, a gran reforma estrutural deste Goberno é a reforma laboral, que rebaixou sensibelmente os dereitos dos traballadores. A verdadeiramente relacionada coas causas da crise económica, a reforma do sector financeiro, non lle quedou moi ben e está a ser seriamente corrixida polos “señores de negro” cos que tanto nos ameazan algúns ministros, como se, xa a estas alturas, houbese diferenzas entre a contundencia ou a compaixón duns e doutros.

Mentres, a prima de risco segue o seu camiño imperturbábel, como esixindo máis e máis sacrificios. Chegará un momento no que tamén haxa que sacrificar aos sacrificadores?

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Europa: retorno de los nacionalismos – José Luís Martín Palacín

Un íntimo amigo, pesimista él, considera que –un siglo después de su primer intento– Alemania ganará, por fin, la tercera guerra europea. Será la “guerra del euro”, o la guerra de la falsa unión monetaria. La guerra del imperialismo financiero.

El Mercado Común Europeo surgió de una dinámica por la que Europa pretendía hacer frente, a partir de la cooperación económica, a los estragos causados por la guerra, superando los efectos perniciosos de los nacionalismos. La filosofía de la UE pretende, precisamente, consagrar esa superación en una fórmula institucional – todavía imperfecta- que supone algo más que una federación de países miembros.


Pero como efecto de la crisis financiera se está creando, en el seno de la Zona Euro, una especie de “Liga Norte” que antepone el nacionalismo a la propia concepción de Europa. La férrea e inflexible postura alemana sobre las medidas para afrontar la crisis, así como las manifestaciones de los gobiernos de Holanda y  Finlandia, lo atestiguan. Un nacionalismo que pasa por encima de la propia concepción que sobre la Sociedad y Europa puedan tener las diferentes ideologías. Las socialdemocracias alemana y finlandesa respaldan esa posición sin ruborizarse por su desmarque de los postulados de la izquierda.


No hace falta recordar la historia del último siglo europeo (da cierto repelús hacer comparaciones y concitar nefastos reflejos del pasado) para comprender que en épocas de incertidumbre, el miedo agarrota e individualiza las conciencias, y el sálvese quien pueda conduce a los egoísmos nacionalistas. Y la crisis financiera, afrontada por dirigentes políticos mediocres, está llevando a los miembros de la UE hasta el borde del abismo del pánico: ese nefasto consejero que hace que la UE, en lugar de avanzar en sus planteamientos comunes, titubee, se repliegue y busque soluciones imposibles, tal vez a sabiendas de que lo son.


Hay un mito que confunde la claridad sobre la realidad europea: aquí no hay ningún país que aporte proporcionalmente a la UE más que los demás, de acuerdo con las reglas establecidas y aceptadas por el proyecto institucional común. Alemania y cualquiera de los restantes países aportan lo que les corresponde, en función de los tratados libremente asumidos por los Estados y sus ciudadanos. Por ello no puede existir la máxima de que “el que paga manda”. Tampoco sirve el mito de la cigarra y la hormiga entre Norte y Sur. Sin ir más lejos, Alemania durante varios años ha incumplido los límites del déficit pactado en Maastricht, mientras España los mantenía y daba incluso superávit. Y en 2005 la UE hubo de adoptar decisiones de flexibilidad, considerando condiciones extraordinarias entre las que se contaba explícitamente la “reunificación de Alemania”.


España comienza a sobrepasar los límites del déficit, precisamente cuando ha de afrontar la crisis financiera, que podría ser legítimamente considerada como una condición extraordinaria, dados los efectos del paro producido por la burbuja inmobiliario-financiera. La deuda española y su déficit comienzan a ascender a partir de las medidas rígidas impuestas por el Consejo de la Eurozona. Medidas objetivamente erróneas: porque dan el mismo tratamiento a situaciones desiguales; paralizan los sectores productivos, obligan a los Estados a avalar las deudas de los bancos nacionales –¡en un contexto de libertad comercial y financiera!-. Y porque no ejerce de hecho la Unión Monetaria, mientras impide a sus Estados miembros actuar al margen de esa supuesta Unión. Mientras el precio de la deuda pública sea diferente según los países, no existe unidad monetaria ni financiera. La crisis ha puesto de manifiesto que Europa aún no existe aunque impone sus imperativos. Que está a medio camino, y deja inermes a los Estados que más duramente soportan los embates de la  especulación. Precisamente –en el caso de España- los que con más ahínco han tratado de cumplir las rigurosas medidas que les han llevado a la recesión: recordemos aquél “cueste lo que cueste”. Como a sabiendas de que la propia lucha por la subsistencia es la mejor garantía de que se pagará la deuda, y de que lo hará aunque el precio llegue al límite.


El Consejo de la Eurozona no ha permitido que el Euro se defienda en común, a través de los instrumentos comunes: hoy es el día en que no se quiere ni oír hablar de eurobonos, por ejemplo. Y aunque ha tomado aparentemente la decisión de que los bancos afronten sus propios créditos con el apoyo del BCE, tres semanas después se está imponiendo despiadadamente lo contrario. O posponiendo a “reformas de larga duración”. Cuando España, por ejemplo, en dos semanas llegó a cambiar su propia Constitución Soberana, por presiones del mismo Consejo.


Europa no podría digerir que España saliera del euro. Alemania lo sabe, y conoce perfectamente que semejante quiebra pondría a su propia banca en zozobra extrema: más del 20% de la deuda de los bancos españoles es con bancos alemanes. Por eso quiere extremar las garantías, y hacer que sea el Estado quien avale la deuda de los
bancos. Pero sin incrementar el déficit ni la deuda: es decir, con asfixia y recesión; y a costa del Estado del Bienestar. El cual, por cierto, es víctima de otro mito, ya que España gasta, por ejemplo en Sanidad, menos que la media europea en relación con el PIB.


Ahí se manifiesta el pernicioso nacionalismo: cuando alguien antepone los intereses de país por encima de los propios intereses comunes. Y Alemania lo está haciendo. Por un lado, trata de blindar los beneficios de sus bancos, aunque sea en detrimento de la Economía del resto de Europa. Impidiendo medidas comunes, o retardando al máximo su aplicación. Se trata de ganar tiempo para “hacer caja” y reducir su exposición a la deuda. Por cierto: cualquier banco –incluidos los alemanes- ha de ser responsable de su riesgo cuando otorga un crédito, y ha de afrontar las  consecuencia, sin obligar a que la deuda soberana de los Estados tenga que respaldar sus riesgos.¿No es ésa la regla del juego capitalista? Y si las instituciones españolas tenían la obligación de supervisar a los bancos “propios”, las instituciones alemanas tenían la misma obligación hacia los suyos. Por lo cual, si el Estado español ha de responder, en la misma medida ha de responder el alemán.


Esperemos que Merkel no pueda ganar esta tercera guerra europea. Porque quien terminará desapareciendo será una Europa ya bastante desgarrada por los efectos de no haber sabido afrontar con planteamientos comunes la crisis financiera. El problema es que, con las últimas medidas de pánico, Mariano Rajoy ha aceptado sumisamente la tesis impuesta por el nacionalismo de la Liga Norte, y ha dejado vía libre para una ocupación financiera, económica y política en toda regla. Ocupación no de Europa, sino de unos nacionalismos que están utilizando a Europa y a sus instituciones en beneficio de sectores financieros nacionales. Porque nadie ha dicho, por supuesto, que esa liquidez que se va a inyectar a la banca española (al 3% y con el aval masoquista de los ciudadanos) se vaya a destinar a dar créditos al sector productivo. Porque va a ir directamente al pago de su deuda externa. Nacionalismo ramplón y “de caja” de la señora Merkel.

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¡Que se jodan! – Antonio Campos Romay

Si son parados que observan con vértigo el fin de sus prestaciones y el acoso de la miseria en un mercado laboral quimérico que se cierra obstinadamente mientras sus magros ingresos son decrecidos por recortes despiadados, ¡QUE SE JODAN!

Si son enfermos crónicos con dificultades para poder atender su padecimiento agobiados por un repago que esquilma sus escuálidos ingresos, ¡QUE SE JODAN¡

Si son emigrantes y no reciben atención sanitaria por mor de los recortes y la población en general como consecuencia puede ser susceptible de patologías que se presumen ya superadas nivel local, ¡QUE SE JODAN!

Si son pensionistas incapaces de llegar a fin de mes con un estipendio no regalado, sino recuperación de lo anticipado tras toda una vida de trabajo, y con el que suelen ayudar a hijos o nietos en momentos de penurias y carencias, ¡QUE SE JODAN!

Si son niños y niñas que cada día tienen mas difícil el comer en el colegio, y se ven necesitados a llevar el “taper” de casa (Valencia tiene el dudoso honor de ser experiencia piloto) ¡QUE SE JODAN!

Si esos mismos niños cada día tienen menor calidad de enseñanza, menor atención de sus docentes por masificacion, y por ello mayor posibilidad de fracaso escolar, ¡QUE SE JODAN!

Si alguno de esos niños o niñas podría tener oportunidad de acceder a la formación superior pero las nuevas trabas económicas hipertrofiadas se lo impiden ¡QUE SE JODAN!

¡Si la suba del IVA castiga indiscriminadamente a parados, jubilados, economías de escaso poder adquisitivo o los negocios de autónomos…¡QUE SE JODAN!

Si cada día mas ciudadanas y ciudadanos de clases medias  incrementan las colas de mendicidad vergonzante a la puerta de Caritas, Cocinas Económicas o similares centros de beneficencia, ¡QUE SE JODAN!

Si empezaban a estar satisfechos con una TV publica veraz, plural e independiente y llegó el comisario político electo de forma ajena a lo establecido para que pueda manipular a sus anchas convirtiendo el ente publico en la voz de su amo, ¡QUE SE JODAN!

Si no son hijas o hijos de papá multimputado por trafico de influencias, evasión de impuestos, y un etcétera tan largo como la pista de un aeropuerto al que después de mas de un año aun no llegó un avión, pero gran afortunado en los sorteos de lotería
presidiendo una Diputación, la de Castellón por vía de ejemplo, ¡QUE SE JODAN!

Si no viven en una de las urbanizaciones más lujosas de toda España como la madrileña de Pozuelo de Alarcón, («Los Lagos de la Finca») donde la trama Gürtel campaba a sus anchas, y donde una parcela de 3.000 a 10.000 m2s cuesta entre 5 y 7 millones de euros, ¡QUE SE JODAN!

Si Bancaja no les conceden prestamos millonarios con intereses liliputienses ¡QUE SE JODAN!

Si tras escuchar la ventosidad ideológica que le salio incoercible a la hija de Fabra, Doña Andrea, y con ella, sus sentimientos hacia millones de ciudadanos que viven en la desesperación al oir de labios del presidente del Gobierno la reducción de las prestaciones a los parados, el grupo parlamentario popular, el presidente del Congreso de los Diputados (miembro de dicho grupo parlamentario), el presidente del gobierno y presidente del PP, ninguno de ellos toma cartas en el asunto, optando por justificar lo injustificable, solo cabe una interpretación. Que sus palabras de  pesar ante los recortes son lágrimas de cocodrilo. Que su proyecto es subvertir el orden social del país al servicio razones ideológicas y de intereses económicos brutalmente insolidarios, foráneos y  locales. Usando una mayoria parlamentaria obtenida de forma fraudulenta.

Basada en violar sistemáticamente el contrato social con los electores. Incumpliendo en su integridad el mandato recibido en orden a una propuesta electoral concreta. Una situación de legitimidad muy dudosa, salvo que esta se mida por el criterio tan usado por el franquismo que hizo suya la “singular” ministra Bañez,… “la mayoría silenciosa de los españoles de bien”.

Así las cosas queda la alarmante sensación de que los sentimientos gubernamentales hacia la ciudadanía, asumido el criterio de la diputada hija de Fabra, desenmascarada la hipocresía, se sintetizan en tres palabras, ¡QUE SE JODAN!

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El sablazo del mal gobernante – Antonio Campos Romay

La sociedad asiste entre aturdida e indignada a la exposición las medidas más crueles que ha adoptado un gobierno democrático contra la clase media y los trabajadores. Un gobierno que en poco más de un semestre agotó gran parte del fuerte depósito de confianza recibido. Unos gobernantes sobre los que pesan como losas sus comportamientos en la oposición frente al Sr. Rodríguez Zapatero. Que acumula en apenas siete meses los errores y dislates que el leonés tardo siete años en sumar a su debe. Salvo que éste a diferencia de los actuales responsables, al menos alivió sus errores con su sincero interés por las políticas sociales y los derechos civiles. El presidente Rajoy, la Sra. de Cospedal y la hoy Vicepresidenta entre otros son paradigma de su incoherencia. La prima de riesgo y el coste de la financiación de la deuda son apenas uno de los muchos ejemplos. Por no citar las severas reprimendas a su actuación del BCE.

Quien acusaba de mentir al Sr. Rodríguez Zapatero, no ha dicho una sola cosa que mantenga su veracidad más allá de cuarenta y ocho horas. “El sablazo del mal gobernante” era frase preferida del Sr. Presidente para referirse al incremento del IVA por el anterior gobierno. El que no paraba de criticar la presencia exterior del anterior jefe del ejecutivo es hoy un caballero de la triste figura vagando fantasmal por el entorno europeo. Quien decía que iba a devolver a España al podio con solo salir a escena, hoy sin un guión creíble regatea el pozo de la 2º división europea. El gobierno popular deja por el camino presencias como la teníamos en el Consejo ejecutivo del BCE. Y todo esto, pasando por alto actitudes sórdidas como la del titular de la cartera de Hacienda, Sr.  Montoro, feliz de la ruina de España con tal de hundir al ejecutivo socialista.

Una crisis financiera insaciable, auspiciada en Wall Street, e impulsada en estas tierras entre otras circunstancias por los comportamientos sin escrúpulos de bancos y cajas de ahorros de las que ni un solo dirigente se había enfrentado hasta el momento a la acción de la justicia. Esa que afirma el Sr. de Borbón es igual para todos. La malversación, las ganancias mal habidas,  las prácticas corruptas campan inmunes pese al reproche social o las evidencias fehacientes. La impunidad se traduce en la visión de muchos de los auténticos culpables maniobrando sin la menor inquietud. Si acaso impartiendo doctrina para atajar sus desafueros a costa del bolsillo del contribuyente. Por vía de ejemplo, el imputado Sr. Rato conferenciante en tierras asturianas. Las tramas económicas tras las que se parapetan son tan poderosas que los gobiernos prefieren mirar hacia otro lado antes que enfrentárseles.

Pocos proponen alumbrar los rincones oscuros de las finanzas y los secretos bancarios inconfesables. A regañadientes hay peticiones con la boca pequeña. Las transacciones reñidas con la legalidad, ahormadas durante largo tiempo y con tantas complicidades, alcanzan tal dimensión que amenazan el poder y la legitimidad de una  economía sometida a sospecha. Al rebufo de ello  se propicia una desigualdad de ingresos sin precedentes que dinamita la cohesión social. El déficit presupuestario se desboca tanto por la incapacidad política y operativa de los gobiernos como por la ausencia de una fiscalidad justa. Casualmente siempre orientada al beneficio de los sectores más poderosas. Una reflexión de Nelson Mandela seria útil al Sr. Rajoy: «Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos en buena posición económica, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada.»

Machaconamente se adereza un porvenir de miseria. Se propone enajenar el valor de las pensiones al asociarlas a toda la vida laboral. Se tritura la función pública, colectivo fácil de vejar desde el más bajo populismo. Se devalúa la cobertura de desempleo con la falacia de que estimula la búsqueda de trabajo (en un mercado con cerca de seis millones de parados). Se penaliza a pensionistas y usuarios con el repago de una cobertura sanitaria que se deteriora día a día como todo el estado social del que habla la Constitución y que  está siendo arrasado hasta los cimientos. Se rompe el acceso a la educación superior para los menos favorecidos con barreras económicas insalvables y se debilita intencionadamente la educación pública. Se dinamita el consumo y el poder adquisitivo con un suicida incremento del IVA en una nueva agresión indiscriminada a los sectores más frágiles o estratégicos como el turismo.

El ultraliberalismo más insolidario e incivil lleva al país a velocidad de crucero hacia el tercermundismo y las brechas sociales. Mientras, se dispone el saldo de los restos del patrimonio publico rentable. Castelao señala en “Sempre en Galicia”: “Los elementos de derecha sólo conciben una patria artificial, puesta al servicio de sus intereses”. Es la misma derecha que aplaude histérica en el Congreso el rosario de puñaladas sociales vestidas de recorte desgranadas por el Presidente del Gobierno. Un acto de indigencia moral que alcanza mayor relieve si cabe recordando las lagrimas de la ministra italiana de trabajo, Elsa Fornero en similar trance.

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Toca máis recesión antes de saír da crise – José Luis Gómez

José Luis Gómez

España parécese cada vez máis a unha comunidade autónoma dun Estado federal -a Unión Europea (UE)- que aínda non existe como tal, pero que leva trazas de existir, aínda que de inicio parta dun déficit democrático importante. Como quen paga manda, a UE quitou competencias ao Ministerio de Economía e colocou o Banco de España baixo a súa tutela, para poder controlar mellor o diñeiro que lle prestará aos bancos arruinados ou descapitalizados. De paso, Bruxelas fíxose coas rendas da política macroeconómica española, dominada por unha depreciación interna que, en síntese, require subir os impostos e baixar os salarios.

A iso débese que o presidente do Goberno anunciase no Congreso un paquete de duros axustes económicos, que comprende: elevar tres puntos o IVE xeral do 18 ao 21%, eliminar a paga extra de Nadal aos funcionarios para este mesmo ano e numerosos recortes adicionais ata alcanzar os 65.000 millóns de euros de aquí a 2014. Unhas restricións históricas que o líder do PSOE propón reconducir a un plan consensuado coa Oposición, os sindicatos e os empresarios.

Todo parece indicar que, tras estas novas medidas de axuste, España asómase a unha profunda recesión, que podería prolongarse ata mediados do ano que vén; é dicir, o PIB caerá este ano máis do previsto e seguirá caendo en 2013, en contra das previsións que viñan barallando. Xa o recoñece ata o presidente do Goberno. O horizonte da crise de 2008 amplíase; poida que ata completar un ciclo de polo menos dez anos.

España produce agora o mesmo que fai cinco anos pero destruíu uns tres millóns de empregos e ten que soster a dous millóns máis de persoas. A diferenza de España, outros países xa recuperaron o perdido na recesión. Que lle impide a España, de novo abocada a outra caída do PIB, seguir o ritmo de recuperación países como Alemaña ou Estados Unidos? Entre outras cousas, a falta de competitividade e a súa elevada débeda, sobre todo a privada, que se multiplicou por tres na década do 2000. De feito, o problema máis grave en España non é o déficit, nin a débeda pública: o é a débeda privada e o seu desequilibrio comercial e financeiro, porque todo o demais, incluído o paro e o déficit do Estado, é unha consecuencia da falta de actividade económica.

Semellante aumento do endebedamento de empresas e familias e, como resultado, dos bancos e as caixas tivo que ver coa abundancia de liquidez en pleno boom inmobiliario, o descenso dos tipos de interese e a escasa percepción do risco. Agora, volver á normalidade consumirá anos, probablemente uns cinco, polo que ata o 2015 ou 2016 non se alcanzará un nivel normal de débeda, coa repercusión negativa que iso ten en termos de investimento e de crecemento. En resumidas contas, antes de volver investir haberá que pagar o moito que se debe.

Conclusión: sairá a España de Rajoy da crise? Si, pero vaino facer amodo, cunha taxa de desemprego elevada e unha paulatina redución salarial, salvo en sectores moi competitivos ou privilexiados. Como di o xornal El País, o que toca agora é terapia de choque europea para España.

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Máis impostos e menos salarios – José Luis Gómez

O rescate da banca española si ten contrapartidas macroeconómicas, e por anticipado. De feito, o ministro de Facenda, Cristóbal Montoro, xa asumiu que o Goberno subirá o IVE. A este incremento fiscal ‘impopular’, sumarase un recorte do emprego público mediante o aumento das horas de traballo dos funcionarios. Son algunhas das medidas que esixe Bruxelas como contrapartida ao rescate bancario e á prórroga dun ano para cumprir o obxectivo de déficit público, de modo que España obterá un punto de déficit extra este ano: o 6,3% do Produto Interior Bruto (PIB), fronte a un 4,5% en 2013 e un 2,8% en 2014. Na capital comunitaria especúlase ata cunha nova reforma das pensións e máis recortes ás prestacións por desemprego. As dúbidas, inquietantes, pronto se despexarán.

A actual política europea conduce a España a unha penosa depreciación interna, que só se atenuará se cambian os criterios restritivos do Banco Central Europeo (BCE) e da propia Unión Europea (UE). O que non cabe é esperar milagres, por moito que empece a chegar este mesmo mes o rescate bancario. Todo parece indicar que, tras estas medidas, España asómase a unha profunda recesión, que podería prolongarse ata mediados do ano que vén; é dicir, o PIB caerá este ano máis do previsto e seguirá caendo en 2013, en contra das previsións. O horizonte da crise de 2008 amplíase, poida que dure ata completar un ciclo de polo menos dez anos.

No medio de tanto axuste orzamentario custa dicirlle á xente que, por riba, debe baixarse o soldo, pero se España segue no euro non haberá outra saída que esa para que o país recupere a súa competitividade. A teoría non é de ningún neoliberal. É do premio Nobel Paul Krugman, que a expón con toda a súa crueza no seu último libro «Acabade xa con esta crise». Sen marxe para devaluar, só queda a depreciación interna.

O presidente Mariano Rajoy pode ter razón cando explica que hai que facer deberes dentro, pero tamén sabe que sen Europa o país non sairá á boia. Dio tamén Krugman: a esencia do problema español -de onde provén todo o demais- é a necesidade de reaxustar os custos e os prezos. A burbulla inmobiliaria non só elevou os prezos dos inmobles para terminar facendo cachizas os balances dos bancos, senón que tamén provocou un considerable aumento de prezos e soldos en relación coas economías centrais de Europa, léase Alemaña e Francia. E se agora toca recortar prezos e salarios, hai que devaluar o país, a falta dunha moeda que poder devaluar, que é o que proporía Milton Friedman nun caso como este.

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