En unos tiempos en los que estamos hartos de discursos repetitivos y faltos de carga real de principios, ha logrado cambiar el mensaje político.
Así, el falso discurso de la necesidad, la compasión y los derechos sociales en sus aparentemente distintas versiones progresista y conservadora ha sido sustituido por la racionalidad. En mi opinión, la situación actual no es, como alegan algunos, fruto del liberalismo, sino el resultado del intervencionismo, el mercantilismo y de la tendencia del Estado, asistido por una coalición de buscadores de rentas, a expandirse de forma ilimitada. El precio de este cúmulo de despropósitos, es la hipoteca que los ciudadanos tendremos que pagar por la traición de la mayoría de cierta clase política a los principios básicos de la ciudadanía libre. Seguir leyendo




