Ante el penúltimo acto de auto identificación nacionalista, bendecido por el propio presidente del Gobierno, recupero mi reflexión personal, cuya primera versión tiene casi dos lustros .
Mantenía Aristóteles, y otros grandes pensadores, que para estudiar y fijar una idea abstracta era necesaria una imagen. La ciencia social que Aristóteles desarrollo, hace 2.400 años, es aún hoy la herramienta más avanzada del que disponemos los humanos, para controlar unas sociedades en las que las ciencias aplicadas, nos han aportado tecnologías capaces de destruir, varias veces, el mundo que habitamos, dicho con muchos matices lo de controlar. Aún cuando hay aportaciones importantes, a mí me gustan citar aportaciones de pensadores que me son próximos, como Ortega y Gasset, sus prólogos a la “Rebelión de las Masas” que fueron premonitorios para entender el devenir del proyecto Europa, o las de Victoria Camps en “Virtudes Públicas”, para afrontar en presente siglo desde una ética personal, pero parece evidente que existe la necesidad de una evolución rápida que modernice las ciencias sociales, e implante de forma general un potente útil ético social. Seguir leyendo




