Babar nació en 1931 de las historias que Cécile de Brunhoff les contaba a sus hijos antes de que se durmiesen. A ellos les gustaron tanto que le pidieron a su padre que les escribiera y dibujara la historia de Babar.
Babar fue acusado de tener un sesgo colonialista y eurocentrista. Sin embargo, para otros refleja los mejores valores de la sociedad francesa de la época. Una de las defensoras de los valores de la burguesía es la escritora Alison Lurie, admiradora confesa de Babar y novelista, afirma que: Para ella se trata de un personaje que encarna valores típicos de la burguesía y de la burguesía francesa «próspera, instruida y cultivada, que va al teatro o a conciertos de música clásica o practica deportes propios de su clase, como la vela, el tenis, la natación o el esquí. Aunque en los años 30 del siglo XX, se produce una profunda crisis, que plantea el problema de la responsabilidad de las clases dirigentes, y por tanto el del papel pasado de la burguesía. En el primer libro de Babar la burguesía la encarna la ciudad, a la cual va a llegar el elefantito tras la muerte de su madre, a manos de un cazador, en la selva, y parte de los personajes que la habitan como puede ser el caso de la Señora Anciana.



