“El miedo a los bárbaros es lo que amenaza con convertirnos en bárbaros. Y el mal que haremos será mayor que el que teníamos al principio. La historia nos lo enseña: el remedio puede ser peor que la enfermedad… El miedo se convierte en peligro para quienes lo sienten, y por ello no hay que permitir que desempeñe el papel de pasión dominante. Es incluso la principal justificación de comportamientos a menudo calificados de ‘inhumanos’”, afirma el politólogo Tzvetan Todorov1.
Yo diría más: no es que el miedo amenace con convertirnos en bárbaros, sino que realmente nos torna bárbaros. Se invierte así el binomio barbarie-civilización, que consideraba “bárbaros” a los de fuera y “civilizados” a los europeos. ¡Hoy los bárbaros somos nosotros! Europa no tiene voluntad de evitar las muertes del Mediterráneo o al menos no pone los medios para que eso no siga sucediendo. Ahora el grito “¡que vienen los bárbaros!” pueden pronunciarlo los migrantes, refugiados y desplazados referido a nosotros. Y con razón, a la vista de nuestros comportamientos tan poco humanitarios.



