SEGUNDAS PARTES NUNCA FUERON BUENAS….
Antonio Campos Romay
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas…Me temo que la sabiduría popular no se equivoca. La lectura de los comicios del domingo en clave matemática, exacta, de sumas y restas, almoneda de números, corresponde a conocimientos expertos y exhaustivos como los del buen amigo José María Barja, convecino de esta columna. Esta aproximación intenta ser más próxima a lo cotidiano, o a los principios, largo tiempo ausentes.
Esta fuera de cuestión que este país anda aquejado de una metástasis invasiva, la corrupción. Está fuera de cuestión que la calidad democrática está muy deteriorada por prácticas abusivas que invaden los derechos civiles y ciudadanos. Está fuera de cuestión que el mercado laboral presencia los momentos de mayor deterioro de los últimos cuarenta o cincuenta años, con precariedad creciente y poder adquisitivo menguante. Está fuera de cuestión que pilares básico que desde los años veinte del pasado siglo fueron tomando carta de naturaleza en nuestro entramado social (incluso en los años de la dictadura), -conseguidos con el sacrificio y la abnegación de generaciones sucesivas-, el derecho a la salud, a la educación, a una pensión de jubilación, protección social a dependientes o en riesgo de exclusión, están siendo dinamitados, en unos casos con gazmoñería y en otros con brutal impunidad.
A partir de ahí se abre una reflexión con no poco de esperpéntica. El CIS, y no hay porque dudar que los que ante él se manifiestan estén tergiversando sus sentimientos, nos dice que las preocupaciones mayoritarias en la ciudadanía son la corrupción, el paro o la falta de confianza en los actores políticos. Parejo a ello existe una amplia información, que superando las trabas que se puedan poner desde el poder, trasciende ampliamente, dando a conocer las inmoralidades que se cometen, quienes son sus autores, quienes las amparan, y quienes utilizan todos los mecanismos a su alcance para evitar sean investigadas y mucho menos penadas. Ciertamente no casan la confesión ante el CIS y la confesión ante las urnas. Se requeriría un documentado dictamen explicativo de un psicoanalista, experto en patologías sociales. Seguir leyendo





