Claves de nuestro tiempo en “La sociedad del cansancio”, de Byung-Chul Han – Iñaki Martínez

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Byung-Chul Han es un filósofo nacido y criado en Corea pero fue en Alemania donde se formó filosóficamente y donde desarrolla su actividad intelectual y académica. En su libro “La sociedad del cansancio” nos explica concrentradamente ciertas características de la sociedad de nuestro tiempo, caracterizada por el aislamiento del indivíduo, el impulso a la actividad constante y el enfoque en el momento presente. Por la problemática sobre la que pone su atención y en parte de sus conclusiones, Han es un autor relacionable con Zygmunt Bauman, pero mientras Bauman hace más hincapié en el consumo como centro de la actividad vital del hombre contemporáneo, Han presta más atención a la dimensión laboral de la vida humana.

En su libro “La sociedad del cansancio” Han nos explica que la cultura occidental de los siglos XIX y XX estuvo dominada por el paradigma inmunológico. A semejanza de la relación del cuerpo humano con los agentes infecciosos, la sociedad y el individuo debían protegerse frente a las agresiones y limitaciones que llegaban de fuera, del otro. Este paradigma inmunológico generaba una idea de “otreidad” que por un lado fomentaba una sociedad de límites, de prohibiciones, de negatividad, que delimitaba el yo y su espacio frente al otro. Por otro lado el paradigma inmunológico forzaba a tener presente al otro, la “otreidad” no era obviable y paradójicamente forzaba nuestra mirada al reconocimiento de otras individualidades.

Actualmente este paradigma inmunológico ha decaído frente al paradigma del rendimiento. En el paradigma del rendimiento lo malo no llega de fuera si no que es el resultado de no alcanzar nuestros fines con nuestros propios medios. El objetivo ya no es preservarse del posible perjuicio o limitación que viene de fuera si no mantenerse en constante actividad perfectamente orientado al rendimiento. En el paradigma del rendimiento decaen las limitaciones del paradigma inmunológico pues la negatividad, la defensa frente a “lo otro”, la delimitación de espacios y tiempos propios, supone una pérdida de energía que debe dedicarse al rendimiento. La reflexión, la lentitud, los vínculos y la memoria también son obstáculos al rendimiento, cuyas exigencias marcan un estilo de vida flexible (“líquido”, diría Bauman) y enfocado al presente. La consecución de los objetivos vitales dependen solamente de uno mismo, de la propia actividad, de manera que el individuo se convierte en empresario de uno mismo. La explotación no se impone desde fuera, no es una negación venida del exterior que limita nuestra autonomía personal (negatividad), si no que es una orientación interiorizada a la acción (positividad). El ser humano se auto-explota, es el único responsable de su destino y queda separado del otro.

El reinado del paradigma del rendimiento trae consigo nuevos malestares para el ser humano como la incomunicación y el sentimiento de no estar a la altura, de incapacidad, al no ser capaz de alcanzar unos objetivos que se entiende que solo dependen de nosotros mismos. Es lo que algunos autores denominan “sentimiento de inadecuación” que ha venido a sustituir al viejo sentimiento de culpa (muy reducido en la sociedad del XXI) como motor de padecimientos psicológicos. Así explica Byung-Chul Han que los malestares emergentes, como el trastorno de déficit de atención, la depresión derivada de sentimientos de incapacidad o el burnout (síndrome de desgaste ocupacional), se derivan no de la imposición de límites al individuo si no del exceso de positividad propio de nuestra sociedad del rendimiento. El ser humano contemporáneo se ve entregado a una actividad constante y a un impulso de alerta autoexigencia que mantiene hasta quedar vacío y exhausto.

Esta positividad extrema propia de la sociedad del rendimiento es causa de que, donde antes se abordaban determinadas problemáticas humanas mediante una búsqueda del sentido profundo de la existencia humana, ahora se desarrollen estrategias dirigidas no a explicarnos o a dotarnos de sentido si no simplemente a mantenernos mecánicamente operativos. Así las psicoterapias exhaustivas, la filosofía o la religión han declinado, mientras que han florecido el coaching, el uso rutinario de psicofármacos y las diferentes fórmulas de pensamiento positivo (desde las más psicológicas a las más mágicas). Este tipo de fórmulas tienen abundantísima divulgación en las redes sociales en forma de memes que contienen eslóganes de pensamiento positivo, de mayor circulación en los países, como Chile, en los que la mercantilización y desregulación es más profunda.

Han se refiere al reforzamiento del paradigma del rendimiento en su país de origen, Corea, a causa de las reformas desregulatorias del mercado y del trabajo sufridas tras la crisis financiera asiática de finales de los 90. Desde entonces, a consecuencia de estas reformas, la amargura y la ansiedad ha hecho estragos en la población de Corea del Sur, tan ajena a las advertencias de Paul Lafargue en su “El derecho a la pereza”.

Frente al pensamiento rápido y superficial enfocado en el ahora y dirigido al rendimiento inmediato, frente a la multi-tarea, Byung-Chul Han hace una defensa del pensamiento contemplativo. Solo mediante la inmersión contemplativa en un objeto de reflexión es realmente posible una comprensión profunda y un pensamiento relevante.

En la parte final de “La sociedad del cansancio” Byung-Chul Han desarrolla en mayor medida el tema del cansancio, que da título al ensayo. Diferencia un cansancio embrutecedor del individuo aislado, del cansancio en común, que genera un “nosotros”, que difumina la percepción de los límites entre los objetos y entre las personas. Se refiere a que un agotamiento profundo, que ejemplifica en la comunidad de Pentecostés, produce un tiempo separado de la exigencia de actividad habitual y genera una diferente perspectiva de las cosas, distanciada y cordial, en la que pueden generarse nuevas comprensiones. Así Han asume el riesgo que implica hacer predicciones anunciando el advenimiento de la sociedad del cansancio, quizá un punto de inflexión en el desarrollo de la cultura colectiva que suponga la superación de la actual sociedad del rendimiento y genere nuevas dinámicas de pensamiento.

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