Aunque una de las misiones del calendario es mostrar una sensación de tranquila repetición de acontecimientos en fechas fijas, la globalización nos ha traído otros sistemas de ordenar el tiempo que parecen deslizarse respecto a nuestras referencias. Esta semana viviremos una de las referencias más antiguas de la humanidad, el solsticio de primavera, y a su vez el comienzo del mes de Ramadan, lo que hace cuatro años ocurrió el 1/agosto. Ambos son hechos astronómicos; el primero fijó características del calendario que usamos y el segundo, luna nueva, inicio del mes pues el calendario islámico está formado por 12 meses lunares. Con lo cual la duración de su año es de 354 o 355 días y por ello va retrocediendo 10-12 días respecto al calendario gregoriano. La falta de concordancia de un sistema calendárico con las estaciones solo es explicable por las características climatológicas del lugar donde se originó; ahora, más de 1.570 millones de personas en todo el planeta se rigen por él.
Una reflexión que deriva de estas curiosidades es la capacidad de los huma-nos para adaptarse a cambios, algo que estos días es cuestionado por una parte del establishment político todavía en el poder. Pero también refuerza la necesidad de reforzar los contenidos educativos para entender a nuestros convecinos y evitar expresiones discriminatorias sobre sus modelos de vida. Seguir leyendo





