Las reformas energéticas y la violencia en México- María Novoa Portela
En México la guerra de Independencia fue una revolución campesina que no cumplió con las expectativas de los indígenas y campesinos; y la Revolución de 1910 fue, igualmente, un proceso de cambio donde la exigencia fundamental era la tierra; y, de igual forma, la satisfacción de los habitantes del campo tuvo sus límites. Hoy, nuevamente, nos hallamos en un momento crítico y de transformación y, aunque es el movimiento estudiantil el que representa la conciencia crítica de la sociedad, detrás se oculta nuevamente y como siempre, la lucha por la tierra y por los recursos naturales; de ahí que las “reformas” estructurales tomen una gran relevancia y supongan la cereza al pastel de la impunidad con la que el Estado mexicano pretende rematar el país. Las contradicciones generadas son de tal magnitud que la violencia se ha vuelto atroz en el campo y podrá ser, todavía, peor; de todas formas confiamos en que la esperanza, que sólo puede venir de los desesperados, como decía Walter Benjamín, nos guíe a la primera revolución del siglo XXI contra las ofensas de un capital cada vez más cosificador y criminal. No cobran por soñar.
Como parte de los incentivos a las petroleras extranjeras para que inviertan en México, en la ley de hidrocarburos propuesta por Enrique Peña Nieto se otorga a la Secretaría de Energía la facultad de ordenar la expropiación de los terrenos que resulten necesarios para el adecuado desarrollo de los proyectos de exploración y explotación de petróleo y gas que llevarán a cabo empresas privadas nacionales y foráneas. Seguir leyendo






